La otra ‘suave patria’ de López Obrador

Fuente: https://elpais.com/mexico/2021-06-19/la-otra-suave-patria-de-lopez-obrador.html El presidente viaja a Zacatecas para conmemorar los 100 años desde la muerte del poeta Ramón López Velarde, un autor con un concepto de patria distinto al del mandatario. En su mañanera del 13 de abril, como en muchas otras, el presidente Andrés Manuel López Obrador empezó hablando de la patria. Pero esta vez de una patria mucho más poética y epidemiológica que de costumbre. Empezó hablando de “las investigaciones que se están llevando a cabo para tener una vacuna de México, la vacuna Patria”. Al igual que Cuba con la Soberana, el presidente explicaba que un grupo de científicos estaba trabajando para que el país fuera de los pocos latinoamericanos con su propia vacuna. “Una vacuna con ese nombre significa que debemos siempre pensar en ser independientes”, añadió. Y aclaró que, el nombre nacionalista, lo escogió él mismo. “Sobre el nombre de la vacuna, pues es la patria, acuérdense de Ramón López Velarde y Suave Patria”, dijo. Ramón López Velarde, escritor y abogado de principios del siglo XX, es reconocido frecuentemente por ese poema, La Suave Patria, y este sábado 19 de junio el presidente conmemorará 100 años desde su fallecimiento en 1921. Lo hará desde su lugar de nacimiento, en Jerez, Zacatecas. “La patria es todo”, dijo el presidente en aquella mañanera. “Durante el periodo neoliberal, como querían que nos olvidáramos de la historia, se dejó de hablar de patria. Se pensaba que era anacrónico. Palabras, términos, conceptos como patria o soberanía, eran anacronismos, era sinónimo de atraso. ¿Para qué hablar de la patria en un mundo globalizado? Nosotros pensamos que sí tenemos que hablar y defender a la patria”. El evento en honor a López Velarde y su Suave Patria es el séptimo de 15 eventos que presidencia organizó este año sobre la historia de México, conmemoraciones en las que López Obrador conversa con la historia del país —desde la fundación de Tenochtitlan a la independencia— como si fuera un cuento entre sus amigos o sus enemigos décadas o siglos atrás. En la época de revolucionarios en la que vivió López Velarde (1888-1921), López Obrador hubiera tenido varios amigos. Pero Velarde no hubiera sido uno de ellos. “López Velarde era muy católico, y más bien de derecha, y si no hubiera muerto en 1921, unas décadas después de pronto se hubiera unido al PAN’', dice a EL PAÍS el poeta David Huerta, quien estará este sábado en un evento más pequeño en la casa de López Velarde en Ciudad de México, el lugar donde falleció. “El presidente López Obrador no sabe bien quién fue López Velarde, no conoce su poesía”, considera, recordando un episodio del 2019 en el que el López Obrador confundió a Velarde con un poeta y locutor llamado Ricardo López Méndez, atribuyéndole erróneamente el poema México, creo en ti. “Lo importante con López Velarde son sus poemas, no su relación con la Revolución”, explica Huerta. Velarde solo vivió 33 años y en ellos dos periodos importantes de la historia de México: el Porfiriato y la Revolución. Aunque expresó su apoyo al proyecto antiporfirista y revolucionario del presidente Francisco I. Madero (en 1911 escribió que “una de las satisfacciones más hondas de mi vida ha sido estrechar la mano y cultivar la amistad de Madero”), en otros trabajos dejó claro su desdén por otros revolucionarios. “Odiaba a Pancho Villa, odiaba a Emiliano Zapata, defendía a Francisco I. Madero, pero después de siete u ocho años de guerra civil ya no pintaba el maderismo”, explica Huerta. “López Velarde tenía muchos prejuicios contra los campesinos en armas, detestaba a los caudillos populares, y consideraba que la violencia de Pancho Villa no le hacía bien al país”. El presidente López Obrador durante una conferencia de prensa. En un texto de 1912 sobre Emiliano Zapata, Velarde se refiere a este revolucionario como una “fiera” con “garras”. “Su tipo selvático y sus hazañas delictuosas se destacan, como un borrón sangriento, sobre la caricatura permanente de nuestros miserables sainetes políticos”, escribió Velarde. En otro poema, El retorno maléfico, dice que “Mejor será no regresar al pueblo/ Al edén subvertido que se calla/ En la mutilación de la metralla”. Y si para López Obrador el pueblo siempre es sabio, para López Velarde el pueblo es fácilmente manipulable. “El populacho, incapaz de discurrir sobre temas especulativos, simpatiza con Zapata porque este representa el pillaje para saciar el hambre”, escribió Velarde. La patria de López Velarde —que además de estar explícitamente en La Suave Patria también está en otro texto llamado Novedad de la patria— poco habla de independencia y mucho menos de neoliberalismo. Hay allí, más bien, cierto romanticismo al hablar de la provincia como el lugar de la virtud y amenazada tanto por los centros urbanos como por la revolución armada. Su única referencia a un héroe no es a los líderes de la Revolución sino una breve aparición de Cuauhtémoc y la violencia de la colonia (“todo lo que sufriste: la piragua prisionera, al azoro de tus crías, el sollozar de tus mitologías”). “A López Velarde le gustaba fantasear una patria modesta, inmóvil, paralizada en una ficción agrícola idílica y religiosa, gobernada por las ideas sociales de León XIII”, dice a EL PAÍS Guillermo Sheridan, biógrafo del poeta en un libro llamado Un Corazón Adicto (1989). “Lo que en un poeta de 1921 es la elección poética de un mito social, en un jefe de Estado de 2021 es un disparate”, añade con respecto a López Obrador. La Suave Patria es la patria que alimenta a su gente de compotas, el lugar que tiene “la más honda música de selva”, o “pájaros de oficio carpintero”, el que puede ver una superficie de maíz donde rompe “el relámpago verde de los loros”. La patria de López Velarde es una vendedora de chía, o es una niña asomada en una reja. “Suave Patria: te amo no cual mito, sino por tu verdad de pan bendito”, escribió. Más que una realidad histórica, la patria es en el poema un evento íntimo. “López Velarde es solo un poeta. Ni nacional ni revolucionario ni forjador de la conciencia patria, encomienda típica de una cultura insegura”, añade Sheridan. “Es solo un poeta, rarísimo, como todos los buenos poetas. Tan raro es que ilustra su patriotismo con la imagen de unos esqueletos cogiendo en sus tumbas cuando hay tormenta eléctrica”. (“Trueno del temporal: oigo en tus quejas crujir los esqueletos en parejas,” escribe López Velarde en La Suave Patria). Más allá de su historial político y cómo se ve en su obra, López Velarde es un pilar fundamental de la poesía latinoamericana. “Modificó el lenguaje poético de su tiempo, introdujo novedades y modos insólitos”, dice Huerta, recordando la adjetivación particular de López Velarde cuando hablaba de “párpados narcóticos” o de “voluptuosa melancolía”, o sus frases sobre el amor (“el amor amoroso de las parejas pares”) o de la paternidad (“el hijo que no he tenido es mi verdadera obra maestra”). Ramón López Velarde en Ciudad de México. CAMILA OSORIO La Suave Patria es una obra que, vista desde un punto de vista más poético que nacionalista, encantó a los mejores escritores del continente: Octavio Paz, Pablo Neruda o Jorge Luis Borges. “El momento en que conocí La suave patria fue uno de los de mayor exultación literaria de mi vida”, escribe en una entrada de diario el argentino Adolfo Bioy Casares, en 1957. “Lo más admirable de López Velarde es haber logrado, en La suave patria, con su modernismo tan barroco y metafórico, una poesía intensa y fluida”, dice en otra entrada de 1962. Caceres recuerda en su diario estar un día en su casa junto a Jorge Luis Borges y que este último empezó a recitar, de memoria, sus versos favoritos de La Suave Patria. “Vos recitaste las estrofas del paraíso de compotas y de quiero raptarte en la cuaresma opaca. Me pareció un poema tan variado que tardé en advertir que todos los versos eran endecasílabos”, recuerda Bioy Casares. “¿Cómo lo juzgarán en México a López Velarde?”, le preguntó Borges a su amigo, en 1962. Para él y otros autores, no existía duda que López Velarde es de los mejores poetas mexicanos de principios del siglo XX y que con sus versos transformaba la historia de la literatura de América Latina. Solo que quizás, no exactamente en la forma patriótica que López Obrador hubiera querido.