En el confinamiento las aves tomaron la plaza y aprendí su lenguaje en la azotea»

Fuente: https://www.abc.es/espana/castilla-la-mancha/toledo/ciudad/abci-confinamiento-aves-tomaron-plaza-y-aprendi-lenguaje-azotea-202104012304_noticia.html La poeta María Antonia Ricas publica 'Aprendiendo la lengua de los pájaros'. Nuevo poemario de María Antonia Ricas, ‘Aprendiendo la lengua de los pájaros’, escrito en plena pandemia. Un libro de azotea sobre los viejos tejados del Casco Histórico de Toledo. La belleza es siempre el hilo conductor de sus creaciones, como lo fue en las piedras preciosas de ‘Invisible en la piedra’. Ahora Ricas salta del suelo al cielo, al aire limpio donde habitan las aves. «Empecé a escribirlo al comienzo de la pandemia, antes de que nos confinaran, cuando los niños dejaron de ir al colegio y por las mañanas empecé a escuchar los cantos de los pájaros. Había menos coches circulando y los escuchaba con más nitidez», relata. —Durante el confinamiento llegó la primavera y el mundo animal tomó las calles sin la presencia humana. —Sí, sí, todo eso lo sentí. Como ya no podía caminar, no podría dar la vuelta al Valle, que tanto me gusta por las mañanas, subía a la azotea y solo oía las campanas y los pájaros. —¿Eso le inspiró el nuevo poemario? —Lo de la lengua de los pájaros era una idea que yo ya tenía desde hacía muchos años, un poco como referencia simbólica de la lengua de la poesía, del idioma de los místicos. De eso trato un poco en este nuevo libro, de los místicos, los trovadores, los músicos, todos los artistas y creadores que de alguna manera han tratado el lenguaje de otro modo. —A sus páginas se asoman muchas aves, como un inventario de pájaros. —Salen muchos pájaros, sí, y en algunos casos los nombro conscientemente. Hay un escritor argentino que vive en Cataluña, Mario Satz,con el que mantengo una cierta amistad epistolar. Él me contaba que no podía escribir y entonces pintaba, y me mandaba vía email los pajaritos que iba pintando, que son todos tropicales. Quizá en ese texto sí que nombro pájaros más raros, pero en realidad nombro pájaros urbanos todos, casi todos, de esta ciudad que todavía está rodeada de campo. Y hay jardines conventuales, al lado de casa tengo el jardín de las damas catequistas. Es cierto lo que dice usted: las palomas tomaron la plaza, los tordos, los mirlos, y escuché, aprendí su lenguaje. «Y escucho el bu-bu-bú mojado de la abubilla porque, en el silencio de la reclusión, la sabiduría debe ser leve, sutil, y hay que estar muy atenta». Portada del libro Portada del libro —De todas formas, la lectura de los textos lleva al lector a otros lugares, a países lejanos. —Dice la tradición que la lengua de los pájaros también es la lengua de los antiguos dioses y en todos los mitos los pájaros tienen un papel importantísimo. Hay una enorme cantidad de mitos sobre los pájaros, positivos y negativos, pájaros nefastos y benéficos. —También hay mística. —Sí, en la segunda parte del libro nombro a San Juan de la Cruz, a Anthony de Mello, los haikus —que de alguna manera para mí están muy cercanos a la mística—, los cuentos sufíes también. Y luego la tercera parte del poemario aborda la creación artística. —¿Pájaros en el arte? —Sí, pájaros creados desde el arte, de la música...Hay toda una tradición de compositores que tratan el tema, del arte plástico también, de la fotografía, etcétera. —¿El pájaro como liberación para evadirnos de un mundo que nos asfixia en esta pandemia? —Sí, sí, esa es la idea. Si lee el último poema es eso, es como decir quiero convertirme en pájaro y escapar de aquí. «Sin atender a la desconfianza, a la malura, vuelvo a escapar de la tristeza, de su plomo. Y luego subir, ser celeste también sin plan de vuelo» (del poema Placer del vuelo). —La portada está ilustrada con la acuarela de un gorrión. —Sí, el autor es el magnífico acuarelista José Antonio García Villarrubia. En mi libro anterior, ‘Cuando sonríen’, que versa sobre los dioses griegos, usé acuarelas suyas y textos míos. Me hizo este gurriatillo que me encanta, y el texto del fondo es una idea que le propuse al editor (Celya), mi propia letra y mis propias palabras como fondo. Todos son textos en prosa poética. «Cada mañana, muy temprano, el sonido invisible en las ramas de los cinamomos. Cada mañana su perfume adquiriendo un don de lenguas» (del poema Placer del trino)...». —¿No está el ave fénix como esperanza del fin de la pandemia? —No, pero hay algunos que son muy parecidos. Hay un pájaro que se llama Ziz, que es el equivalente persa al fénix nuestro. Ziz el inmenso. Quizá todo el libro es un poco el ave fénix, es esperanzador. Por un lado tomar la actitud de los pájaros, esa actitud bíblica, que se nombra en la Biblia, de que los pájaros no piensan qué comerán mañana, piensan en el presente, si es que piensan; y por otro, esa esperanza de volver a renacer de las cenizas. Creo que sí existe esa esperanza latente en el libro. «Ha sido ahora, ahora mismo: la garza ha clamado, indiferente a sentirse mirada, y está empezando la rotación del mundo» (del poema Bennu, la vieja garza), ave asociada a las crecidas del Nilo, al calendario, la muerte y la creación, y cuyo grito despierta a la alegría dormida. El libro finaliza con un poema de San Juan de la Cruz: «...que fui tan alto, tan alto que le di a la caza alcance». La poeta en el tejado He subido al tejado para sentir el ave ardiente en mi cara. Venían nubes amoratadas con diminutas lágrimas flotando. He subido al tejado para oír una canción de este mundo que nadie escucha. Quizá ahora, con tanto miedo, cada uno en su casa, la deseemos y se extienda igual que un aroma. He subido al tejado y he saludado al crocoqueto lejano de una cigüeña, a la abubilla de Salomón, a las palomas perezosas y sucias. El ave ardiente recorría mi piel agasajando. María José Muñoz