Felipe Molina Verdejo, un clásico de la poesía jiennense

Fuente: https://lacontradejaen.com/felipe-molina-verdejo-jaen/ Hoy se cumplen veintitrés años del fallecimiento del poeta, un imprescindible en la vida cultural de la provincia durante la segunda mitad del siglo XX "Hijo de jaeneros nacido en Madrid (1924) pero avecindado en Jaén desde 1934, acaso sea Felipe Molina Verdejo el poeta más representativo de la literatura giennense de la segunda mitad de este siglo". Lo escribía el profesor Juan Manuel Molina Damiani en las páginas de la edición que la revista Claustro Poético dedicó al protagonista de este reportaje en 1997, a cuenta de su fallecimiento un día como hoy de hace veintitrés años. Moría con él una forma de vivir la poesía, una concepción vital de la lírica de aquí que ponía con este poeta el más claro de sus ejemplos, lo mismo que, un siglo antes, ocurriera con Almendros Aguilar. No hubo acto literario que se preciara en cuyo 'cartel' no figurara el nombre del autor de Del ser y del sentir, poemas de la vida doliente (1954), Las piedras angulares (1989) y Épico Jaén, lírico Jaén (1995), erigido ya en maestro del verso provincial desde una perspectiva que, temáticamente, encontró en la mística y el costumbrismo su mejor cauce expresivo. "Felipe Molina Verdejo gestaba la poesía dos veces: cuando la escribía y cuando la recitaba", destacó el profesor Manuel Morales Borrero en la ya citada edición monográfica de Claustro Poético en honor del poeta, a cuya muerte la ciudad rotularía con su nombre una calle de nueva creación cerca de la Avenida de Barcelona. De ahí que su presencia en recitales, pregones y un sinnúmero de citas culturales del Santo Reino lo encumbrasen a las cimas del respeto y el aprecio de los jiennenses que (sin exagerar) veneraron su entrañable producción, a más de su propia figura, que destilaba romanticismo: "Alrededor de un poeta, todo se vuelve poesía", apuntó Novalis. "Era mayor que nosotros, era serio, ponderado, comedido, muy amable y muy volcado en su familia. Venía a las tertulias siempre con su mujer, a todos lados iba con ella", evoca su compañera de la revista Advinge Carmen Bermúdez, superviviente del legendario grupo El Olivo, que ya en la década de los 50 coincidiría en las páginas y en el paisaje con Molina Verdejo. "Era un buen poeta, con sonetos muy buenos, como deben ser; era un poeta auténtico", sentencia Bermúdez. Por Javier Cano