Fina Gómez (III). Con la luz de la poesía

Fuente: https://prodavinci.com/fina-gomez-iii-con-la-luz-de-la-poesia/ Afirmó Federico García Lorca: “Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio”. Uno que incita otros misterios y relaciones como las que se establecen entre las palabras y las imágenes o, más concretamente, entre poesía y fotografía. La misma raíz de esta última palabra nos recuerda que fotografiar es escribir/dibujar con luz, mientras que “escribir poesía es dibujar palabras” (Echegarreta, 2015) Verbalizar la imagen es tratar de entablar un diálogo entre dos lenguajes que pueden ser claramente distintos sin por ello dejar de ser complementarios. Ensayos y aciertos, coherencias y contradicciones. Preguntas y problemas, de ayer y de hoy, se desprenden de estas relaciones. En los libros de Fina Gómez, sus fotografías se juntan con poemas que, lejos de imponerse, abren nuevas posibilidades de encuentro y lectura. Leemos fotografías y leemos poemas, tal vez por esto Umberto Eco propone, a partir del enfoque semiótico, que las imágenes sean consideradas ‘textos visuales’. Tanto la fotografía como la poesía apelan a nuestros sentidos y generan símbolos y metáforas. “Ahora bien, esta cercanía entre poema y fotografía es casi intangible; se trata más bien de un velo traslúcido que sirve como bisagra. Tanto la fotografía como la poesía abren y cierran puertas; en ese sentido, son formas de accesibilidad” (Echegarreta, 2015). Abundan los autores que han permutado los posibles vínculos entre imagen y palabra. Desde las letras, Julio Cortázar y Juan Rulfo transitaron los sinuosos caminos de la fotografía, tejiendo relatos y congelando instantes, sirvan a modo de ejemplo el cuento Las babas del diablo (1959) del primero y las más de 6.000 fotografías realizadas por el autor de Pedro Páramo. En el libro Una casa en la arena (1966) los textos de Pablo Neruda dialogan con las fotos de Sergio Larraín. El escritor chileno también publicaría Alturas de Macchu Picchu (1977) con fotografías de Graziano Gasparini. Por su parte, el fotógrafo estadounidense Duane Michals destacó en los años setenta por sus fotosecuencias en las que se vale de textos caligráficos y pies de foto que complejizan la escena retratada, funcionando como elementos constitutivos de la obra. Estos lazos abren tantas posibilidades que, en 2018, en la Biblioteca Nacional de España se realizó la exposición La cámara de hacer poemas, una alianza entre fotógrafos y poetas del siglo XX hasta nuestros días, que abarcó la tradición española, portuguesa y latinoamericana de relacionar la poesía y la fotografía en un terreno de juego concreto: el libro. En Venezuela surgen otras propuestas como Imagen y palabra (1975- ) del poeta y fotógrafo Enrique Hernández D´Jesús, una indagación de largo aliento en la que retrata a poetas latinoamericanos y éstos luego de mirar sus rostros en la imagen impresa, añaden —a puño y letra— textos y poesía inédita. Por su parte, en Sistema Nervioso (1975) las fotografías de Bárbara Brändli y el diseño de John Lange dialogan con los escritos de Román Chalbaud siendo considerado, en su conjunto, “un poema visual sobre la ciudad” y uno de los fotolibros pioneros en su género. El fotógrafo José Voglar también ha desarrollado proyectos conjuntos con los poetas Luis Alberto Crespo y Alberto Hernández: “Solamente” y “Eslovenia”, respectivamente. Más recientemente y desde la co-creación literaria-fotográfica encontramos el libro Rostros y decires /La Cámara Escrita 2 (2010) con textos del poeta Rafael Cadenas y fotografías de Lisbeth Salas; y Annapurna. La montaña empírica (2012) un trabajo del poeta Igor Barreto y el fotógrafo Ricardo Jiménez. Del libro Las Piedras (1958), de Fina Gómez ©Archivo Fotografía Urbana Esta sucinta y acotada selección sólo pretender mostrar —desde una minúscula porción— algunas de las variopintas relaciones que se dan entre imagen y palabra, ya sea de escritores seducidos por la imagen, escribiendo a partir de ella y/o sobre ella, o de fotógrafos que recurren a la poesía, a frases puntuales e incluso eficaces relatos para comunicar desde otras formas y exploraciones. En todo caso, son propuestas que se inscriben en una corriente que emparenta ambas formas expresivas. Así, justamente, llegamos a la unión de fotografía y poesía en la obra de Fina Gómez, la cual puede considerarse —siguiendo a García Lorca— como un prodigioso misterio, en este caso entre dos lenguajes estéticos que no esperábamos que pudieran juntarse. El libro es el artefacto material y cultural en el que esta relación se hace tangible. El primero de ellos fue publicado en 1954 con el título Fotografías incluye poemas de Lise Deharme. Le siguen Raíces (1956) y Las Piedras (1958) ambos con poemas de Pierre Seghers. En 1964, edita 0 grados, norte franco con textos de la poetisa venezolana Ida Gramcko y en 1965 publica Diálogo con texto de Seghers. En todos ellos, la presentación de los textos, su disposición, el acabado tipográfico son elementos que potencian el discurso visual. POR Johanna Pérez Daza