Anne Carson y los orígenes de la poesía

Fuente.https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-anne-carson-y-origenes-poesia-202006300143_noticia.html Para la Premio Princesa de Asturias de las Letras, el lenguaje muestra la estructura del deseo. Entusiasta del clasicismo griego, la poeta y ensayista ha estudiado la naturaleza primigenia de una pasión amorosa que es vida, existencia y riesgo. El amor, la pasión amorosa y sus consecuencias, son asuntos centrales y muy presentes en la obra poética y ensayística de la reciente premio Princesa de Asturias de las Letras. Carson lo ha analizado, sobre todo, a través de las heroínas de ficción: desde Helena de Troya, Dido, Beatriz, Laura, Bovary, Karenina o Albertine, en la literatura; pero también ha utilizado a heroínas cinematográficas encarnadas, en el cine italiano y francés de mediados y finales del siglo pasado, por Mónica Vitti (a través de las películas de Antonioni), o Bardot-Seberg (a través de las películas de Godard). Asunción de estas vidas femeninas de ficción y de realidad como si ella misma las fuera todas. Por eso Eros, poética del deseo es un libro esencial para entenderla como mujer y escritora. Amor, odio, deseos compatibles las más de las veces; y otras incompatibles. Carson pone algunos ejemplos sacados de los poetas griegos. Homero en la Ilíada (III, 414-415) muestra la disputa entre Helena y Eros. La diosa Afrodita le reclama a la amante de Paris más dedicación sexual hacia el troyano. Helena no le hace mucho caso y, ante las quejas renovadas de su raptor a la diosa, Afrodita le grita y le advierte, seriamente, a la bella muchacha. Entre el amor y el odio existe un pequeño callejón que se atraviesa fácilmente. Entre el amor y el odio hay un punto ciego que nadie conoce, pero que existe. Y una vez traspasado, el odio como el amargor pesa más, es más indestructible, es más inconmovible y reparador. Amor-odio a un paso el uno del otro. «Si me amas, me odias, y si me odias, me amas;/así que si no me odias, querida, ¡no me ames!» (Antología palatina, XI, 252). Pocos versos expresan tan bien el amor, las dos posibilidades de Eros: amor-odio. Cátulo desde la Roma clásica retomó este mismo debate en el epigrama 85. ¿Eros una tortura? ¿Una prohibición cuyo incumplimiento conduce a esa autotortura? Zelos, en griego, recelo, interés ferviente, miedo, inestabilidad, resentimiento. A veces una treta entre el amado y el que ama. Yo diría una treta ¿conocida o desconocida? Una provocación. Amor, odio, celos, ausencia. Eros también es ausencia. ¿Perseguir a Eros u olvidarlo? ¿Cómo cubrir esa ausencia, el espacio cegado de esa ausencia? Ocultándolo, avergonzándose, raptándolo como en la antigüedad se hacía simbólicamente en las bodas, pues no había voluntad más que de una de las partes. El que ama vale más Búsqueda del deseo, rechazo, satisfacción. ¿Se consume el deseo? Si aciertan a responder la mayoría de los poetas, por eso se debe defender su inaccesibilidad, es decir, su presencia y ausencia a la vez. Hay un hueco -acierta Anne Carson al descubrirlo- que es el sujeto real de la mayoría de los poemas de amor. No es el amado, sino ese hueco, ese locus. Eros se agota llenando todas las otras carencias de los amantes, Eros se expropia una parte de sí mismo y trata de evitar el egoísmo de ambas partes: reclamar todo lo que el ego le gusta como suyo propio, y rechazar todo lo que el ego le disgusta como no suyo. ¿El que ama es más fuerte, vale más? Yo creo como Nietzsche que sí lo es. Pero según Carson, para los poetas griegos hay una pérdida del yo y no existe tanto regocijo. Esto se expresa mediante metáforas de guerra, enfermedad, desintegración corporal. Eros, por lo general para los poetas clásicos griegos, y para los de casi todos los tiempos, es una experiencia terrible. Eros es hostil en su intención y perjudicial en sus efectos. Son muy interesantes y acertados los comentarios sobre la relación entre la invención de Eros en la Grecia clásica y su coincidencia con el desarrollo de la escritura y la alfabetización. Los poetas líricos siempre han hablado del amor como algo que asalta o invade el cuerpo del que ama para arrebatarle el control. La escritura, frente a la oralidad, expresó ideas, describió acontecimientos, las palabras escritas adquirieron energía y vida y creyeron que controlarían mejor al Eros oral. No fue así, Eros siguió creciendo en su multiplicidad de formas, en sus metamorfosis permanentes. La escritura le dio más alas, en esto no estoy de acuerdo con Anne Carson. Arquíloco primero, o uno de los primeros poetas líricos, se refiere al pecho y, por tanto, al aliento vital que provoca Eros «tal ansia de amor me envolvió el corazón...». Ansia, oscuridad, aliento, sinsentido. Sin el órgano del aliento, el habla es imposible. El aliento es la conciencia, la percepción, la emoción, las palabras, los pensamientos, la comprensión. Amante-lector. Eros es el aliento del deseo. Un lector también desea saber a través de la nariz, el oído, la lengua, la piel, como un amante. ¿Qué desea el amante del amor en la poesía griega clásica?, se pregunta Anne Carson. Desea al amado (heterosexual y homosexual) aunque también siente prevención hacia él por el dolor que pueda causarle. Los amantes necesitan ser escuchados y no destruidos. Necesitan que el ser imaginario que han construido, uno del otro, se funda con el real desconocido. Seducir, cortejar, pretender. Tanto la mente como el que seduce pretenden llegar desde lo que les es conocido y efectivamente real a algo diferente. ¿Qué desea el amante del amor? Placer y dolor. No es que lo desee, añado yo, sino que va implícito. Un dolor reversible, no definitivo, alejado de la muerte. Eros y la escritura Esa relación entre Eros y la escritura está extraordinariamente bien explicada por Anne Carson en la Ilíada con la historia de Belerofonte. Joven de belleza excepcional, exiliado por asesinato, acogido por el rey Preto de Efira, amado con locura por la esposa de su anfitrión, Antea, que él rechaza y provoca así su persecución (como José en Egipto) por el celoso engañado. Preto lo envía a Licia con una misión que le dice es crucial. Allí gobierna su suegro que abre la carta que le entrega (¿por qué no la abrió él antes?) en donde está escrita su sentencia de muerte. Eros transporta en sus manos algo que desconoce, quiere desconocer, confía en esa desconfianza, y que le puede ser mortal. Sorprendido explica Belerofonte que aquello es mentira. La hermana de Antea enamorada del héroe lo cree y también su padre el rey. Siempre se cree en un héroe. Eros ama los conflictos, y se deleita en sus resultados paradójicos. Amor y seducción Para Anne Carson, el lenguaje muestra la estructura del deseo, pero tampoco es capaz de explicar su origen, desarrollo y resultados. La diosa Peito estaba a cargo de la retórica y del arte de la seducción. Las palabras que leemos y escribimos nunca dicen exactamente lo que queremos significar. La gente a la que amamos nunca se ajusta a cómo la deseamos. Seducir al amante, seducir al escritor para alcanzar lo desconocido. Aristóteles afirmaba que todos los seres humanos deseamos saber; solo Eros se basta a sí mismo, se desconoce a sí mismo, se ignora a sí mismo entregándose a su acción. Eros es, sobre todo, calor, pero Anne Carson nos recuerda que en Sófocles, Los amantes de Aquiles, se le compara también con el hielo. Los amantes odian al tiempo, pero saben esperar, siempre están esperando. En esa espera está el verdadero amor, pues su no consumación no decepciona, no produce mal alguno. Esperar también es amar. Barthes nos advirtió en Fragmentos de un discurso amoroso que el amante contempla el tiempo con inquietud en medio de la zozobra del corazón. Le gustaría controlar el tiempo, pero el tiempo lo controla a él, de la misma manera que Eros nos controla a todos nosotros aunque de una forma menos totalitaria. ¿Eros-sexo únicamente, o sexo y amor? Ya desde los griegos venimos repitiendo, una y otra vez, esta pregunta dándole muchas respuestas todas ellas erróneas e inexactas. Lisias el sofista conminaba a que era mejor otorgar favores y no enamorarse. Los que no aman son personas que se mantienen dueñas de sí mismas. ¿Pero quién dispone de todos los sistemas de autocontrol de las emociones? Sócrates negaba que ese autocontrol fuera posible, e iba más allá, pues tampoco lo consideraba «deseable» para los seres humanos pues rompía el ciclo de la vida. Cuando Eros entra en nosotros con sus grandes riesgos y se le acoge con decoro y sabiduría, se percibe lo que somos, lo que nos falta, lo que podríamos ser. Eros también es una forma de percibir la naturaleza humana. Prescindir del amor es también prescindir de la vida. La pasión física finaliza en algún momento, mientras que el amor puede continuar. Los griegos decían que era menos dañino el erotismo que el amor. Los poetas griegos representan a Eros como una enfermedad, como una invasión enemiga. Nadie puede combatir a Eros. Esa es la convicción estándar de los poetas, escribe Anne Carson ¿Estar con Eros o huir de él? ¿Acaso podemos? El deseo es la vida y sin la vida no hay existencia. Eros es un riesgo, pero un riesgo que vale la pena pues sin él no existe nada. Sócrates estaba enamorado de ese riesgo y del camino hacia su seducción. Sócrates calificaba a Eros de sofista, mientras que Safo «tejedor de ficciones». ¿Con cuál quedarse? Esa respuesta ha sido uno de los motores de la creación de Anne Carson. César Antonio Molina