Entrevista a Alejandro Zambra: La poesía y la vida

Fuente: https://caretas.pe/caretas-en-casa/entrevista-a-alejandro-zambra-la-poesia-y-la-vida/ CARETAS conversa en exclusiva con el reconocido autor chileno Alejandro Zambra sobre sus dos últimos libros: el miscelánico Tema libre y la novela Poeta chileno. Hay una sensación que deparan los libros del autor chileno Alejandro Zambra. Quien los lee siente que no ha perdido el tiempo. Esta impresión nos deja el artefacto Tema libre, en donde el autor brinda las pautas y criterios de su libertad creativa; y también Poeta chileno, adictiva novela llamada a ser de referencia obligada para todos los letraheridos. -¿Cómo son tus días en estos tiempos de aislamiento a causa del COVID-19? Prevalece la angustia, claro, aunque igual he escrito un montón, para mí escribir es un hábito, no un propósito. Si no escribiera, no entendería nada. Escribir es tomar notas, nada más, luego ves si lo que anotaste sirve para armar algo. Llevamos tres meses encerrados, vivo en Ciudad de México con mi esposa y nuestro hijo de dos años, que es el único que lo ha pasado bien, porque la escuela no le gustaba nada. Nos turnamos para cuidarlo y creo que ambos quisiéramos estar todo el día jugando con él, porque son horas de alegría pura. –Se creía que serían tiempos propicios para escribir y leer, pero al parecer la situación no es así, hay mucha tensión. ¿Es tu caso? Me gusta pensar que durante estos meses han nacido escritores, por así decirlo: me gusta pensar en adolescentes llenando a toda velocidad sus diarios de vida y también en viejos que escriben por primera vez. Es demasiada la gente que ha debido prestar una atención anormal al lugar donde vive. Es demasiada la gente, ahora mismo, mirando por la ventana o sobreprotegiendo a las plantas en los balcones. Hay mucho que pensar y escribir. El hecho de que encerrarse sea un privilegio, por ejemplo: hay mucho que pensar y escribir acerca de eso. –Tema libre es una selección de ficciones, ensayos y crónicas. Poco tiempo atrás se publicó tu libro No leer. Sobre el estado anímico y el estilo veo un lazo en común: la lectura. ¿Cómo es tu relación con la lectura? Sabemos que lees mucho, ¿o eres un relector que recorre libros que no dejan de ofrecerte nuevas luces? Me he vuelto más caprichoso, sobre todo desde que dejé de escribir en prensa y de hacer clases, dos cosas que me gustaría volver a hacer, pero también disfruto que no haya ninguna lectura obligatoria. Ahora soy bueno para abandonar libros, antes tenía el prurito de terminarlos. Siempre estoy leyendo alguna novela, pero en estos tiempos he vuelto, también, a esos libros que se pueden usar, consultar, y que tal vez por eso se llaman libro: el del desasosiego, el de la almohada, el de las preguntas… Tema libre (Anagrama, 2019), libro de crónicas, ensayos y ficciones sobre la creación literaria. -Estás considerado como un autor importante para la tradición literaria latinoamericana contemporánea. Tu obra te ha generado muchos lectores. Un libro de las características de Tema Libre solo puede existir cuando hay una obra que suscita interés, incluso por los proyectos aparentemente menores que van en paralelo al llamado proyecto mayor. Podríamos pensar en un magisterio. Se aprende mucho leyendo este libro, pero a la vez es notoria tu intención de no ser maestro ni gurú literario. Oye, muchas gracias, qué alegría lo que dices, qué buena onda. Mis libros han ido encontrando a sus lectores y me alegro también por ellos, han tenido vidas largas. Tema libre fue un libro inesperado. Después de Facsímil empecé varios proyectos, entre ellos estaba Poeta chileno, tengo esa enfermedad llamada «proyectismo», aunque hay quienes la llaman déficit atencional… Los últimos años me dediqué a terminar esos proyectos, pero de pronto surgían las interrupciones provechosas y tal vez urgentes que fueron dando forma a Tema libre. Tiene algo de recopilación pero también incluye ensayos que escribí expresamente para el libro. Si No leer es más sobre leer, Tema libre es más sobre escribir. Pero no quiero clasificarlo, porque es un libro de tema libre… -Y visto a cierta distancia, ¿cómo te ves ante él? Como supongo que hace todo el mundo, al momento de armarlo pensé en algo que me gustaría leer. Y en una especie de unidad hecha de contradicciones. Adoro ese relato de Kafka que se llama «Once hijos». Esos textos son como once hijos de padres distintos pero la mamá, que soy yo, es la misma. Se parecen pero no tanto. Y pelean entre sí, y se quieren pero también se odian un poco. -Un tópico presente (incluso en “ausencia”) en toda tu obra es la poesía. Lo es en cuanto a escritura también, con un estilo que en lo poco dice mucho. En este sentido, a más de uno ha sorprendido la extensión de tu última novela Poeta chileno. El más sorprendido soy yo, la verdad. Sabía que sería más larga que mis libros anteriores, pero nunca me detuve a pensar en el número de páginas. La diferencia principal, para mí, en todo caso, es que Poeta chileno es una novela más conversada. El narrador no escribe, habla. A veces pienso que es un narrador-anfitrión, porque interviene muy poco, lo único que le interesa es que los invitados se larguen a hablar, por eso les llena la copa a cada rato. Poeta chileno encierra varios temas, como la paternidad, el amor, la literatura y la poesía. En relación a lo último, no vamos a negar la enorme vitalidad que hay en el espectro poético. En tu novela tenemos a Gonzalo y a la periodista gringa Pru, que podrían ser los termómetros a lo febril que puede ser alcanzar el reconocimiento poético. Creo que la novela comenzó a existir cuando me encontré con la palabra padrastro. Los padrastros y las madrastras siempre son los malos y en español la palabra misma incluye esa carga. Y entonces pensé en el poeta, como personaje, es decir en alguien que se enfrenta con las palabras, que pelea con ellas: que decide usarlas o transformarlas. El padrastro o madrastra no decide serlo de antemano, simplemente se enamora de alguien que tiene un hijo y de pronto empieza a cumplir ciertos roles y en el camino descubre, por ejemplo, que quiere ser un buen padre, que quiere ocupar ese lugar; que siente, por su hijastro, algo similar a lo que supone que sentiría un padre biológico. Me gusta mucho cómo se vincula la figura del padrastro con la legitimidad, que es uno de los grandes temas de las últimas décadas, en todas las discusiones aparece. Poeta chileno (Anagrama, 2020), ambiciosa novela sobre la familia, el amor y la poesía. Como novela grande, esta tiene conflictos en sus personajes, pero también tengo la impresión de que su proceso de escritura no fue difícil en relación a la documentación detallada. ¿Para este proyecto fue muy útil tu experiencia como poeta? Es mi comunidad de origen y creo que nunca he salido de ella. A mí me deslumbraron, en primera instancia, las palabras aisladas, su brillo inesperado, y luego los tonos, la música. Me resulta difícil no idealizar el hallazgo de la poesía, el descubrimiento de su eficacia, de su radicalidad, de su valor subversivo. La gran mayoría de los poetas chilenos, con la excepción de Huidobro y algunos otros, no eran de clase alta, en parte por eso ser poeta me parecía, en la adolescencia, una posibilidad real. Tal vez siempre fui mejor contando historias que escribiendo poemas, pero mi «querer ser» estaba ligado a la poesía. -Pienso en Bonsái, en donde hay mucho aliento poético. Bonsái, por ejemplo,era en mi cabeza un libro de poesía, pero no me resultó y al final decidí contar la historia de ese fracaso, sobrevolar ese fracaso, ese deseo de libro. Llegué a escribir novelas casi por casualidad. Aunque habla sobre poetas y está llena de referencias, creo que esta es la novela menos «literaria» que he escrito. Me interesan mucho más las bambalinas de la vocación poética, la vida privada que los malos poemas esconden o disimulan y los grandes poemas exponen, ventilan, profundizan. A los veinte intentaba escribir poesía pero era muy malo, justo por eso, porque la poesía me proporcionaba la posibilidad de esconderme, de generar la ilusión de que establecía alguna clase de comunicación. Como novelista no sé soy bueno o malo pero si he llegado a convencerme de que vale la pena publicar lo que escribo. Porque nunca he dejado de escribir malos poemas, es un vicio, soy muy buen mal poeta. -El mundo de la poesía trae personajes reales ricos en su configuración moral. Lo es más cuando pertenecen a tradiciones poéticas con resonancia, como la chilena. Lo que más me interesa de las comunidades literarias es justamente su condición de comunidad, de familiastra ampliada. No hemos renunciado al potencial transformador del juego, al deseo de seguir aprendiendo a hablar. Seguimos intentando aprender a hablar. Me gusta ese énfasis de Antonio Candido en «El derecho a la literatura», la idea de que el derecho a la literatura es un derecho humano, lo que por supuesto borra de un plumazo las diferencias entre alta y baja cultura. El mundo es extraordinariamente difícil de leer, siempre lo ha sido, por supuesto, pero esa complejidad ahora salta a la vista, ya nadie puede esconderla o matizarla, por eso a veces la gente se entusiasma con las promesas de algún imbécil que dice tener todas las respuestas. -Lo que a muchos les gustaría saber es cómo fue el proceso de escritura de Poeta chileno. Hay que tener en cuenta que se te asociaba más a la novela corta. La escribí durante los dos primeros años de vida de mi hijo y creo que esa felicidad se nota en el libro, aunque es un libro tristísimo, también. En fin. Primero fui un escritor de domingo, después un escritor muy nocturno, y esta novela, en cambio, la escribí por las mañanas, en un cuartito de dos por dos, sin internet, que tenemos en la azotea. Despertaba a las cinco o a las seis o a la hora que despertara mi hijo, estaba con él unas horas antes de subir al cuartito, escribía hasta las dos de la tarde y el resto del día era para estar con él. En algún momento empecé a llamar a ese cuartito Chile, así que técnicamente podría decir que escribí la novela en Chile. Al imaginarla surgía un fraseo parecido al de algunos cuentos de Mis documentos o al de los textos finales de Facsímil. Recién tomé conciencia de lo larga que era cuando empecé a corregirla. A veces pasaba la mañana entera y tenía la sensación de haber trabajado un montón y descubría que ni siquiera había corregido media página o que media página ahora eran dos páginas… Pero así es este trabajo, me gusta esa relación extraña entre deseo y velocidad. Los vaivenes de la paciencia, el deseo de artesanía, la minuciosa pasión, en fin, todo eso. Por: Gabriel Ruiz Ortega