15 poemas (inolvidables) para engancharse a la poesía en tiempos de coronavirus

Fuente: https://www.elespanol.com/cultura/20200324/poemas-inolvidables-engancharse-poesia-tiempos-coronavirus/476953660_0.html Lorca, Cristina Peri Rossi, Gloria Fuertes, Goytisolo, César Vallejo, Piedad Bonnett y otros autores de poesía para los tiempos complicados. Tan acostumbrados como estábamos a vivir masticando estímulos exteriores -en la onda de este capitalismo feroz que nos sobrealimenta de unos productos y otros, de unas novedades y otras-, parece que en estos días de confinamiento vamos a tener que habituarnos a mirar un poco hacia adentro; a volvernos introspectivos, inteligentemente misántropos -respetando las distancias y el encierro- y a tener citas con nosotros mismos. Quizá por eso es un buen momento de releer los viejos poemas que nos empujaron a la poesía, como decía Cohen, o, mejor: de darle una primera oportunidad a algunos autores en los que no habíamos escarbado lo suficiente. Es posible que después los quieran para siempre en su vida: avisados están. Aquí 15 poemas para cogerle el gusto a la poesía. 1. Considerando en frío, César Vallejo Considerando en frío, imparcialmente, que el hombre es triste, tose y, sin embargo, se complace en su pecho colorado; que lo único que hace es componerse de días; que es lóbrego mamífero y se peina... Considerando que el hombre procede suavemente del trabajo y repercute jefe, suena subordinado; que el diagrama del tiempo es constante diorama en sus medallas y, a medio abrir, sus ojos estudiaron, desde lejanos tiempos, su fórmula famélica de masa... Comprendiendo sin esfuerzo que el hombre se queda, a veces, pensando, como queriendo llorar, y, sujeto a tenderse como objeto, se hace buen carpintero, suda, mata y luego canta, almuerza, se abotona... Considerando también que el hombre es en verdad un animal y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza... Examinando, en fin, sus encontradas piezas, su retrete, su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo... Comprendiendo que él sabe que le quiero, que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente... Considerando sus documentos generales y mirando con lentes aquel certificado que prueba que nació muy pequeñito... le hago una seña, viene, y le doy un abrazo, emocionado. ¡Qué más da! Emocionado... Emocionado... 2. Así, José Agustín Goytisolo Algunas veces llego presuroso, rodeo tus rodillas, toco tu pelo. ¡Ay Dios, quisiera decirte tantas cosas! Te compraré un pañuelo, seré buen chico, haremos un viaje….No sé, no sé lo que me pasa. Quiero morir así, así en tus brazos. 3. Esos locos furiosos increíbles, Goytisolo Llegan apresurados y nunca dicen para qué ni de dónde proceden y enseguida te piden dos mil francos que casi siempre te han de devolver o te quitan la toalla sin respeto cuando te estás duchando se ponen la colonia los polvos el masaje la loción de tu novio o de tu hija te arrastran a lugares espantosos o bellos y ni siquiera piden tu opinión y beben prodigiosamente se ponen a cantar en cualquier parte o arman la del gran dios en un bar miserable y por motivos nimios siempre siempre avasallan te compran un sombrero o unas flores y un día salen al galope quizá hacia los infiernos qué desastre. Señora caballero muchachita asustada militante de un partido ecologista: si se tropieza usted con uno de esos locos furiosos increíbles no le deje escapar llévelo a casa son tiernos como niños a veces tienen frío quién sabe si es porque les han pegado duro duermen poco se lavan todo el rato y son muy besucones y mirones pero cuidan los libros sacan todas las noches el cubo de basura a la escalera y están sólo pendientes de tener siempre un cenicero al lado. Tienen por fin el gran inconveniente: se van mas vuelven pronto duran toda la vida. 4. Después de las fiestas, Cortázar Y cuando todo el mundo se iba y nos quedábamos los dos entre vasos vacíos y ceniceros sucios, qué hermoso era saber que estabas ahí como un remanso, sola conmigo al borde de la noche, y que durabas, eras más que el tiempo, eras la que no se iba porque una misma almohada y una misma tibieza iba a llamarnos otra vez a despertar al nuevo día, juntos, riendo, despeinados. 5. Cumpleaños, Ángel González Yo lo noto: cómo me voy volviendo menos cierto, confuso, disolviéndome en el aire cotidiano, burdo jirón de mí, deshilachado y roto por los puños Yo comprendo: he vivido un año más, y eso es muy duro. ¡Mover el corazón todos los días casi cien veces por minuto! Para vivir un año es necesario morirse muchas veces mucho. 6. La canción del crouppier del Missisipi, Panero Fumo mucho. Demasiado. Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio, y oigo pasar la vida como quien pone la radio. Fumo mucho. En el cenicero hay ideas y poemas y voces de amigos que no tengo. Y tengo la boca llena de sangre, y sangre que sale de las grietas de mi cráneo y toda mi alma sabe a sangre, sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy, en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños que se mueven ingenuos, torpes, en esta vida que ya sé. Me palpo el pecho de pronto, nervioso, y no siento un corazón. No hay, no existe en nadie esa cosa que llaman corazón sino quizá en el alcohol, en esa sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo, la única sangre en este mundo que no existe que es como el mal programado, o como fábrica de vida o un sastre que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o quizá el reloj y las horas pasan (...) Escribir en España no es llorar, es beber, es beber la rabia del que no se resigna a morir en las esquinas, es beber y mal decir, blasfemar contra España, contra este país sin dioses pero con estatuas de dioses, es beber en la iglesia con música de órgano es caerse borracho en los recitales y manchas de vino tinto y sangre «Le livre des masques» de Rémy de Gourmont caerse húmedo babeante y tonto y derrumbarse como un árbol ante los farolillos de esta verbena cultural. Escribir en España es tener hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya no justifica nada ni nadie, ninguna sombra de las que allí había al principio". 7. Ya no será, Idea Vilariño Ya no será, ya no viviremos juntos, no criaré a tu hijo no coseré tu ropa, no te tendré de noche no te besaré al irme, nunca sabrás quien fui por qué me amaron otros. No llegaré a saber por qué ni cómo, nunca ni si era de verdad lo que dijiste que era, ni quién fuiste, ni qué fui para ti ni cómo hubiera sido vivir juntos, querernos, esperarnos, estar. Ya no soy más que yo para siempre y tú Ya no serás para mí más que tú. Ya no estás en un día futuro no sabré dónde vives, con quién ni si te acuerdas. No me abrazarás nunca como esa noche, nunca. No volveré a tocarte. No te veré morir. 8. No sé por qué me quejo, Gloria Fuertes No sé por qué me quejo porque al fin estoy sola. Y el placer de tirar la ceniza en el suelo, sin que nadie te riña, Y untar pan en la salsa y beberse los posos, y limpiarse la boca con el dorso de la mano, cantar al vagabundo porque al fin fue valiente, ir matando los besos como si fueran piojos, beber blanco, pronunciar ciertas frases decir ciertas palabras, exponerte a que un día te borren de la nómina... No debiera estar seria pues vivo como quiero, sólo que a veces tengo un leve sarpullido. 9. Retratarme para darte la foto, Gloria Fuertes No es suficiente no poderte mirar hondo, no basta con los dedos señalarte la risa. No es nada olerte el pelo, ver tu danza, escucharte la voz ponerla en cinta. No es suficiente no, soñar contigo rezar para que vivas, retratarme para darte la foto, escribirte en la noche con obsesión pensar en tus maneras... ¡No es suficiente no, darte la vida, ni decir a la gente que te quiero, ni entregar al mendigo mis ahorros, ni quemar el pasado es suficiente! 10. Después, Cristina Peri Rossi Y ahora se inicia la pequeña vida del sobreviviente de la catástrofe del amor: Hola, perros pequeños, hola, vagabundos, hola, autobuses y transeúntes. Soy una niña de pecho acabo de nacer del terrible parto del amor. Ya no amo. Ahora puedo ejercer en el mundo inscribirme en él soy una pieza más del engranaje. Ya no estoy loca. 11. Historia de un amor, Cristina Peri Rossi Para que yo pudiera amarte los españoles tuvieron que conquistar América y mis abuelos huir de Génova en un barco de carga. Para que yo pudiera amarte Marx tuvo que escribir El Capital y Neruda, la Oda a Leningrado. Para que yo pudiera amarte en España hubo una guerra civil y Lorca murió asesinado después de haber viajado a Nueva York. Para que yo pudiera amarte Catulo se enamoró de Lesbia y Romeo, de Julieta Ingrid Bergman filmó Stromboli y Pasolini, los Cien Días de Saló. Para que yo pudiera amarte, Lluís Llach tuvo que cantar Els Segadors y Milva, los poemas de Bertolt Brecht. Para que yo pudiera amarte alguien tuvo que plantar un cerezo en la tapia de tu casa y Garibaldi pelear en Montevideo. Para que yo pudiera amarte las crisálidas se hicieron mariposas y los generales tomaron el poder. Para que yo pudiera amarte tuve que huir en barco de la ciudad donde nací y tú resistir a Franco. Para que nos amáramos, al fin, ocurrieron todas las cosas de este mundo y desde que no nos amamos sólo existe un gran desorden. 12. Si mis manos pudieran deshojar, Lorca Yo pronuncio tu nombre En las noches oscuras Cuando vienen los astros A beber en la luna Y duermen los ramajes De las frondas ocultas. Y yo me siento hueco De pasión y de música. Loco reloj que canta Muertas horas antiguas. Yo pronuncio tu nombre, En esta noche oscura, Y tu nombre me suena Más lejano que nunca. Más lejano que todas las estrellas Y más doliente que la mansa lluvia. ¿Te querré como entonces Alguna vez? ¿Qué culpa Tiene mi corazón? Si la niebla se esfuma ¿Qué otra pasión me espera? ¿Será tranquila y pura? ¡Si mis dedos pudieran deshojar a la luna! 13. Aquí dijiste, Piedad Bonnett Aquí dijiste: "son hermosos los ojos húmedos de los caballos". Y aquí: "me encanta el viento". Desando yo tus pasos, revivo tus palabras. Y te amo en la baldosa que pisaste, en la mesa de pino que aún guarda la caricia de tu mano, en el estropeado cigarrillo olvidado en el fondo de mi bolso. Recorro cada calle que anduviste y sé que amaste este abedul y esta ventana. Aquí dijiste: "así soy yo, como esa música triste y alegre a un mismo tiempo". Y te amo en el olor que tiene mi cuerpo de tu cuerpo, en la feliz canción que vuelve y vuelve y vuelve a mi tristeza. En el día aterido que tú estás respirando no sé dónde. En el polvo, en el aire, en esa nube que tú no mirarás, en mi mirada que te calcó y fijó en mi más triste fondo, en tus besos sellados en mis labios, y en mis manos vacías, pues eres hoy vacío y en el vacío te amo. 14. El centro de la mandala, Cecilia Vicuña Besarte no es la solución que me penetres y langüetees ¡no es una solución! Mirarte ha llegado a ser más íntegro que besarte un beso es poco para mí un coito es demasiado poco un coito no sabe contener ni expresar ni satisfacer mi sentimiento de ti La vida y la muerte se anudan y desarman en ti. 15. Mal de ausencia, Luis Alberto de Cuenca Desde que tú te fuiste, no sabes qué despacio pasa el tiempo en Madrid. He visto una película que ha terminado apenas hace un siglo. No sabes qué lento corre el mundo sin ti, novia lejana. Mis amigos me dicen que vuelva a ser el mismo, que pudre el corazón tanta melancolía, que tu ausencia no vale tanta ansiedad inútil, que parezco un ejemplo de subliteratura. Pero tú te has llevado mi paz en tu maleta, los hilos del teléfono, la calle en la que vivo. Tú has mandado a mi casa tropas ecologistas a saquear mi alma contaminada y triste. Y, para colmo, sigo soñando con gigantes y contigo, desnuda, besándoles las manos. Con dioses a caballo que destruyen Europa y cautiva te guardan hasta que yo esté muerto. por Lorena G. Maldonado