Fuente: https://www.diariosur.es/sociedad/improvisar-poesia-calle-20190811215801-nt.html

Nuria Herrera (Ávila, 1978) lleva cuatro años improvisando poemas a cambio de la voluntad, que suele ser generosa porque le alcanza para pagar sus facturas.

 

Los 'clientes' se acercan con timidez hasta su rinconcito en El Retiro, le sugieren una palabra y ella, tras charlar un poco con ellos y afilar bien los sentidos, se pone a teclear unos versos en su Hermes color celeste de los años cincuenta. Cinco minutos después, cuando suena el último 'clac', recita el poema y entonces se produce la magia y el 'cliente' ya es como un viejo amigo. «Casi siempre acabamos abrazados entre lágrimas».
Trabajar en la calle haciendo poesía a cambio de la voluntad... ¡Qué valiente!

Fue un comienzo difícil. Creo que nadie está preparado para salir a la calle a ganar dinero. Yo tampoco, pero me lancé. No necesito mucho para vivir, no soy muy consumista y no tengo hijos. Y descubrí lo maravilloso de escribir en la calle siendo útil a quien se acerca.
Aunque hiele o queme el sol como ahora, ¿viene siempre?
Sí, en todas las estaciones, aunque en invierno, por mucho que te pongas ropa térmica, más de tres horas no aguantas. Combatir el frío sentada es complicado, aunque llevo un termo. Con lluvia no salgo, porque es imposible. Así que todas las noches miro la previsión del tiempo hasta en cuatro sitios.
Supongo que un lunes de noviembre a las ocho de la noche, pocos se acercarán a pedirle un poema...
Tienen más mérito ellos que yo. Pero los hay.

¿Recuerda al primero?
Me acuerdo de todos. Fue una chica peruana. Era la primera vez que viajaba a España. Había ahorrado durante mucho tiempo para venir a la madre patria, como ella la llamaba. Y me pidió un poema sobre eso. Me lo valoró muy generosamente..., y fue importante para mí porque estaba empezando. Un aliciente.
Cuando dice generosamente, ¿se puede cuantificar?
Prefiero no hacerlo. Creo que le quitas la magia y la libertad de que la gente se acerque. He decidido no dar cifras porque parte del poema es el hecho de que el precio sea libre y que cada uno lo valore como quiera cuando lo lea. Es verdad que tendemos a funcionar por imitación y uno se fija en lo que da el otro y tal, pero me parece mejor que cada uno decida lo que sienta. Pero te diré que no fue ni un euro, ni dos ni tres, no fueron monedas.
Se anuncia con un cartel que dice: 'Tú dame el tema, yo te hago el poema'. Pero antes de ponerse a escribir habla con ellos, hace un poco de psicóloga...
Hay personas que te sueltan un nombre, 'María', por ejemplo, y yo les digo 'pues hoy no me he traído la bola de cristal... Me vas a tener que contar algo más'. Así que hablo con ellos, pero de lo que me dicen me quedo solo con alguna cosa. Más que de psicóloga, hago de chamán. Es más intuitivo, más emocional. Y ahí encuentras la personalización de cada poema. Hay mucha gente que quiere poemas sobre el amor, la amistad, la libertad, el viaje... Sin embargo, cada uno tiene su propia experiencia de esos temas, y lo detectas en esas charlas.
Cinco minutos
Y ellos se quedan ahí, esperando a que acabe... ¡Qué presión!
Sí, parece incómodo. Pero te acostumbras y se convierte en una experiencia con cierta adrenalina. Más que un poema escrito, es un poema experiencial. Y a ellos les gusta ver el proceso, les gusta mirarte, les gusta muchísimo el sonido de las teclas, porque la emoción pulsa la tecla y las teclas están sonando de acuerdo al poema que estás escribiendo. Y como se tarda poco, cinco minutos de media, la mayoría se queda mirando y luego nos hacemos una foto.
¿Por qué lleva siempre sombrero?
Es mi milímetro de intimidad. Debajo del ala del sombrero tengo mi pequeño territorio donde refugiarme de tantas miradas.
¿Qué es lo más bonito que le ha pasado?
He vivido muchísimos momentos muy emocionantes, de esos de acabar abrazándonos y a lágrimas. Hay tantas anécdotas, de gente que ha vuelto, de gente que no puede pagar pero te trae algo... He visto a gente que se emociona, que tiembla, que se le pone la piel de gallina y te abraza espontáneamente. Te lo digo con pudor...
¿Cuántos poemas hace al día?
En El Retiro, una media de tres o cuatro. Pero el domingo, en El Rastro, igual hago 30 en cuatro horas.
Homero y Shakespeare invocaban a las musas en su poesía, ¿y usted?
Siempre voy con las musas encima, jajajaja. Ya vengo inspirada de casa. Día tras día..., llega un momento en que vives en un poema. La poesía para mí es una manera de vivir. Lo último es el poema plasmado en el papel.
Se encuentra a Rosalía de Castro, Machado y Alberti buscándose la vida en El Retiro. ¿A quién le pediría un poema?
A cualquiera de ellos. Siento gran conexión con Rosalía, pero también con Pedro Salinas, al que le tenemos un poco olvidado.

JOSÉ ANTONIO GUERRERO

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