Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/03/14/babelia/1552585992_259131.html

El cuadro el ‘Descendimiento’, de Van der Weyden, se inscribe en la mirada del poema de Ada Salas, y ambos entablan un diálogo transfigurado en espejo y reflejo.

 

Desde su primer libro, Arte y memoria del inocente (1988), Ada Salas (Cáceres, 1965) se ha enfrentado a los límites de la enunciación y del espacio poéticos desde la incertidumbre del vacío y la insuficiencia del lenguaje. Esa busca radical de respuestas en las “huellas” que encarnan la existencia ha mantenido una continuidad casi sin rupturas en más de una decena de libros, desde Variaciones en blanco (1994) hasta Limbo y otros poemas (2013). Aun así, sus últimos libros —incluidos Ashes to Ashes (2010) y Diez mandamientos (2016), en colaboración con el pintor Jesús Placencia— se han hecho más confesionales, más apegados a la experiencia íntima y personal.

Así también en Descendimiento, que, más allá de una ecfrástica impostación descriptiva, parte de una mirada de raíz personal sobre y desde el cuadro del pintor flamenco del siglo XV Rogier van der Weyden. Más que a una conmoción contemplativa, asistimos a una implicación emocional que, en correspondencia dramática con el lienzo, “alimenta” la “fascinación” de una voz poética “que hace / de gozne / entre dentro / y fuera”. El cuadro se inscribe en la mirada del poema, y ambos entablan un diálogo transfigurado en espejo y reflejo a través del cual expresar el “acto / de morir / el acto / de sufrir” que, tras el acabamiento de una pasión amorosa, supone el “propio descenso” a la tumba: “Ser yo / ese cadáver”. Sólo así es posible la ordenación de los movimientos del cuerpo y del alma para acabar al fin “con todo el sufrimiento”.

En la primera parte, la reverberación de la voz del poema pasa a formar parte de un cuadro que se hace referencia necesaria para señalar el objeto de la mirada. La segunda parte es un “oratorio” barroco, donde las figuras del lienzo alzan sus voces en un coro de ecos que, en una zizekiana “visión de paralaje”, ofrecen a la mirada un lugar desde el que poder acceder “a lo que / no se puede nombrar”. Por eso la plasticidad de una sintaxis quebrada y cortante, en el “límite / borroso / entre / sentimiento y conciencia”. Al cabo, sea el amor “como morir / y desangrarse”.

Descendimiento. Ada Salas. Pre-Textos, 2018. 92 páginas. 16 euros.

ANTONIO ORTEGA