Fuente: https://www.mundiario.com/articulo/cultura/ilia-galan-gran-poesia-es-personal-ahi-hallo-mayor-hondura/20190204172812144875.html

“No me interesan las corrientes ni las modas. Me parece triste la humanidad cuando sigue los patrones que los tiempos imponen, como ovejas y rebaños esclavos de pastores ajenos”, asegura el escritor.

 

Impresiona la dilatada trayectoria de Ilia Galán, intelectual y escritor versátil: poeta, narrador, ensayista, dramaturgo y editor. Ante la imposibilidad de abarcar todo su trabajo literario, he decidido centrarme exclusivamente en su obra poética.

Ilia Galán, convencido de que “todo se mira transcendiéndolo”, es un poeta excepcional con un mundo propio y reconocible. En su poesía intempestiva, heterodoxa e intensa, plena de imágenes visionarias, abundan las ruinas, el fuego, las moradas de Dios, así como paisajes que invitan al recogimiento y a la meditación. Estamos ante un poeta siempre vinculado a la naturaleza y al cosmos: “En este rincón sagrado donde reina,/ cual pura ofrenda tu obra de arte máxima,/ un esplendor de naturaleza,/ vuelan insectos de colores/ y escucho a las aves cantos donde resuena/ el silencio amoroso de tu mirada eterna; (…)”

Ilia Galán, (Miranda de Ebro, 1966) es Doctor en Filosofía del Arte y ha fundado y dirigido las revistas de pensamiento Aula Cero y Conde de Aranda. Es director editorial de Ars Poetica. Colaborador Honorífico en las Facultades de Filosofía y Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, ha sido profesor invitado en las universidades de la Oxford, Harvard, la Sorbona (París), New York University, etc. en la actualidad es Profesor Titular de Estética y Teoría del Arte en la Universidad Carlos III de Madrid. Columnista habitual en El País, Diario de Burgos, Diario Palentino, Diario de Noticias, Diario de Ávila, La Tribuna de Ciudad Real, Guadalajara, Toledo y Cuenca. Tiene publicados los ensayos: El Dios de los dioses (Ciencia del arte) 1993, El romanticismo: Schelling o el arte divino Madrid, 1999, Lo sublime como fundamento del arte frente a lo bello, 2002; Orígenes de la filosofía en español (Actualidad del pensamiento hebreo de Santob,(2003), 2013, Premio Internacional Samuel Toledano, Jerusalén, 2014;Arte, sociedad y mundo (Filosofía en pequeñas dosis), 2004; Sabiduría oculta en el Camino de Santiago, (2011), 2015; Teorías del arte desde el siglo XXI, (2005), 2017; Filosofía del Caos, estética y otras artes2011; El Romanticismo y sus mutaciones actuales, 2013; El Castillo: Teresa de Jesús ante Kafka, 2015; Impulso sagrado ante el misterio,2016; Homo o cyborg politicus, 2018; las novelas: Tequila sin trabajo, 2000, y Tiempos ariscos para un extranjero, (2001), 2018; yTodo, (2004), 2018; los poemarios: Tempestad, amanece Madrid, 1991. Arderá el hielo, 2002, Amanece, 2005, Antología de Sol y edades, 2009. Ars Sacra, 2011, Transgótico fulgor, 2015 o La cruz dorada, 2017. Teatro: Después del Caos. 2011, Teatro en el Templo de Salomón, 2013; Pintar el crimen de los símbolos, 2013, y Matar a Cervantes, 2015. Editor de 10 poetas, 10 músicos. 2008 y deTrovadores del silencio, 2010. Su obra ha sido editada en varias lenguas.

— Ilia, ¿cuándo surgió tu encuentro con la poesía? ¿Y con Dios?

— Nací de Dios. No es una presunción, es el marco en que me muevo y existo, en quien me encuentro, como la raíz plantada en un Todo inmenso en el que a veces siente o intuye sus dimensiones infinitas. Pero no son abstractos sino besos, es como ser amado intensísimamente, hasta el punto de ser creado en ese Amor. ¿Cómo explicar esto a quien así no lo ve o percibe? Razonablemente puede pensar que estoy loco, más loco que el universo y sus rumbos misteriosos. Palabras no tengo; solo rotos los versos. Experiencias interiores sí, muy intensas, desde hace muchos años, como regalos que místicos de varias religiones también hallaron en su camino. Si las caricias divinas se acercaron en mi primera juventud, a través de las tradiciones religiosas en que me educaron, la poesía vino luego, cuando ya habitaba las aulas de la universidad. La había leído y disfrutado en la escuela, especialmente con Antonio Machado, pero la escritura fue una convulsión veraniega que estalló en Vitoria, escribiendo a la sobra de un patio un poema tras otro, sorprendido de la aparición del sentido entre las fragmentarias letras.

— Tu poesía rebosa de espiritualidad y Romanticismo, y denota un gusto por el pasado histórico. ¿Es tu canto el de un caballero andante en busca de la belleza?

— Quien ha vivido hondas experiencias en el Espíritu no puede dejar de ser espiritual y en sus versos ha de aparecer el ángel que para otros es solo un ser perdido, ingenio confuso, ebrio pensamiento.

Soy un caballero andante, sí, es cierto, y por ello soy también una especie en extinción, pero antes he de hallar al Amor y así la belleza conmigo engendrada queda en el interior. En estos tiempos de materialismos tantas veces planos, de consumo de objetos y sin ideales, tal vez sea relevante la existencia de un contrapunto. No importa, uno sigue su misión aunque en las batallas del sinsentido muera, aturdido por ruido de objetos. Occidente ha sido grandioso y con una tradición fascinante que ahora va debilitándose, por eso vamos cayendo mientras que China o los musulmanes y otros universos sobre nosotros crecen. El Romanticismo fue uno de los centros de mis estudios como filósofo, pero también una de las claves para explicar cómo en el presente somos.

— ¿Con qué corrientes de la poesía contemporánea te identificarías?

— Con ninguna; no me interesan las corrientes ni las modas. Me parece triste la humanidad cuando sigue los patrones que los tiempos imponen, como ovejas y rebaños esclavos de pastores ajenos. Sí me interesan mucho algunas personas, pues para mí la gran poesía es personal y ahí hallo su mayor hondura, y esa la he encontrado de diversos modos y con estilos diferentes en Karl Lubomirski, Claudio Rodríguez, en Valente, Gamoneda o Antonio Colinas, entre otros autores de mi presente.

— ¿Qué importancia le das a la forma del poema?

— Aunque doy más importancia al fondo, al espíritu que se esconde detrás de los muros de letras, sin esos edificios de palabras no habría poema y el misterio no se desvelaría con el fulgor de la sorpresa, de un despertar nuevo en nosotros de lo mágico. Doy mucha importancia a la forma, a cada final de verso, a cada vocablo, a cada punto o coma, e intento ser muy preciso cuando corrijo, como con un bisturí o un cuchillo. Me importan las sonoridades, las concordancias, las simetrías y los números que utilizo como símbolos, según la cábala o los pitagóricos también enseñan. Sin forma sería difícil o imposible el contenido en el arte. No hay espiritual humanidad sin la carne con que sentimos.

— ¿Crees que Occidente está en decadencia y que de alguna manera nos avergonzamos de nuestro pasado?

— No tengo duda alguna. Occidente sufre una estúpida decadencia, abandonados sus ideales, su búsqueda de perfección, perdido en un relativismo cómodo de bienes de consumo, reducido a los placeres confortables de un mundo rico y blando que parece no podremos mantener durante mucho tiempo. Sin nuestro riquísimo y fecundo pasado no seríamos quienes somos ni nuestra ciencia y tecnología, fecunda hoy en el planeta entero, habrían logrado tantos hallazgos. Yo esto orgulloso de lo mejor de nuestro pasado, pero también del de otras civilizaciones. Amo los grandes tesoros que genios y creadores menos eminentes han conquistado para el mundo y amo la herencia que nos han dejado. Tenemos al lado tesoros que abandonamos, sin embargo, dejando que los cubra el polvo de tristes olvidos.

— Observo que en tu poética hay una crítica explícita a todo aquello que nos atrae de nuestro mundo tecnificado. ¿Disfrutamos de la cultura o la consumimos?

— Sí, critico un mundo tecnificado por lógicas de máquinas inventadas en empresas multinacionales, pero no ataco a la técnica en general, que considero muy útil si se usa adecuadamente. Mis versos azotan las autovías que destrozan nuestras aldeas, los motores que aplastan la música de las aves y contaminan el olfato cuando tengo al lado hermosas flores; atacan una vida reducida a comprar productos en el hipermercado produciendo toneladas de basura y defienden a quien medita en un rincón de la campiña. Muchos ahora consumen cultura, también yo la consumo, y creo que esa cultura no cultiva nuestras almas, sino que la desertiza. Con las obras de arte, con los poemas hermosos y con la buena música hay que hacer el amor, no comprarlas como en la prostitución sucede ni tratarlas como objetos sino como sujetos, pues son espíritu.

— ¿Piensas que la ironía, un recurso interesante y a veces necesario, está desplazando el sentido de lo sagrado y de lo sublime?

— Tiempos descreídos. Me gusta la daga de la ironía, pero cuando solo nos quedamos en pinchar, en reírnos con punzadas a lo ajeno, tal vez podemos cerrarnos en nuestras corazas de cuero viejo y no dejar que nos penetre lo sagrado de nuevo. Lo sagrado, con su hondura, siempre es sublime y en lo sublime creo que hallamos la esencia más refinada y exquisita de lo bello, recreando cada momento, como en un enamoramiento.

— En la visión global de tu poesía que ofrece la poesía reunida de Transgótico fulgor, advierto, además de un elemento intrínsecamente cuestionador, un deseo de unidad cósmica y una vinculación entre lo próximo y lo lejano.

— Ese deseo es una pasión y me arrojo a ese abismo por el amor. Sí, mi poesía es también religión o -al revés también opera- mi religión es la poesía.

— Has manifestado por escrito que Ars sacra “es tal vez probablemente mi mejor creación, quizá porque no es mía y fue casi divinamente inspirada; yo apenas hube de retocarla”. ¿Podrías matizarlo?

— Ese poemario supuso una inflexión en mi vida. Escribí como un anacoreta perdido en la naturaleza y dejándome penetrar por su Totalidad, por la armonía amorosa de Dios, pese a la oscuridad, los abismos, los objetos con que tropiezo. Salían así de mi alma lo textos como oraciones, como gritos, o venían esos versos a posarse en mis meditaciones escondido en los bosques, junto a un lago o subido a un risco. Eran palabras que nacían solas de mi corazón, fecundadas por una mirada tierna en mí y hacia el exterior, mientras sentía Todo alrededor y desde dentro de mi más profundo interior, besándome; otras veces, yo quejándome. No sé por qué apenas retoqué vocablos o versos, me gustaron tal y como vinieron, como si fuesen inspiraciones celestes, a la vez que aspiraciones. Tal vez tengo también alma de profeta y no solo de poeta.

— Después de Transgótico fulgor, ¿qué ofrece La Cruz dorada? ¿Te desnudas más?

— Difícil desnudarse más, pues ya no quedaban prendas. Lo hago de otra manera, ya que en La cruz dorada hay poesía “confesional”, como hicieran Francisco de Asís, Llull, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Quevedo, Lope de Vega, Unamuno o Amado Nervo. Pero está gustando mucho al parecer también a escépticos y ateos, tal vez porque no uso formas piadosas y relamidas, porque me fastidia el exceso de azúcar y en cambio gusto de lo escabroso, de cierto despertar producido por el malditismo o los franceses como Barbey d’Aurevilly y L. Bloy. Son oraciones que a veces recuerdan a las blasfemias. Mis poemas espantan a las monjitas y al clero más beato de fórmulas henchido, pero gustan en cambio a los ajenos a sacristías y templos. Un sacerdote definió mis poemas como mística salvaje. Tal vez tenga razón ante este irracional impulso de un bárbaro godo del norte.

— En Libros por un tubo declaraste que para ti “la poesía es una forma de oración”. ¿Se podría afirmar que tu poesía es profundamente religiosa?

— Cuando uno es profundamente religioso lo es todo lo que toca, hace o siente. Todo se mira transcendiéndolo y con amor todo se convierte en acontecimiento, en revelación, rebelándonos ante un mundo que nos quiere encerrar entre objetos. Sí, mi poesía es religiosa porque transciende o al menos lo pretende y no se para en un punto, sino que aspira al Infinito, sin límites.

— ¿Qué tiene la región de Umbría puesto que te ha inspirado tu libro de poemas E torno a leggerti? ¿Tendremos la dicha de poder leerlo pronto en español?

— Hace muchos años que visito esa región en ciertas temporadas, especialmente en verano, donde habito un medieval castillo en una diminuta aldea solitaria rodeado de bosques y verdes colinas. Es una región fascinante apenas conocida por los turistas, cerca de Asís, y llena de arte. Ahí he escrito muchos textos y me refugio con numerosos amigos en fiestas, en encuentros muy excitantes. Algunos poemas de ese libro son traducidos del español al italiano, pero otros están escritos directamente en la lengua de Dante por mi mano, en la que hablo y con la que debo dar de vez en cuando algunas lecciones. Como hablo y escribo en varias lenguas he preparado un volumen con esos poemas escritos directamente en latín, italiano, francés, inglés o alemán, junto a su traducción, bilingüe: Reconstruir Babel, es su título. Espero que no tarde, pero hace tiempo que no tengo prisas por ver estampado lo que mi mano ya dejó escrito. Saldrá cuando convenga, eso no me preocupa. Venga, eso sí, la apacible y amable luz inspiradora que con su poesía da sentido a mi existencia en cada instante.

 

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