La poesía de bolsillo de Gustavo Pereira

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Fuente: Letralia

Leer y estudiar la poesía de Gustavo Pereira (Isla de Margarita, Venezuela, 1940) durante más de veinticinco años, apoyado en el respeto, la admiración y la amistad, representa un proceso de aprendizajes, de encuentros, de descubrimientos y develaciones que me permiten una mirada a fondo en su poética.

 

Su trabajo creador ha sido intenso. Poesía y ensayo, investigación y análisis de la realidad sociopolítica venezolana y latinoamericana han ocupado su tiempo vital, su pensamiento crítico-reflexivo y sus búsquedas formales.

Pereira ha sido catedrático de literatura hispanoamericana y nacional en la Universidad de Oriente hasta su jubilación en 1993. Conoce bien el proceso de formación y desarrollo de las letras del país antes y durante todo el siglo veinte y desde finales de la década del cincuenta incorpora su propia obra de manera evidente. Sus estudios de leyes1 durante los sesenta en la Universidad Central de Venezuela en Caracas le unen a intelectuales jóvenes y mayores (poetas, narradores, pintores y escultores principalmente) quienes han acudido a la capital bien por estudio o trabajo, bien para ganar mayores espacios para el arte, toda vez que Venezuela inicia apenas en 1958 el proceso democrático vigente luego de diez años de dictadura continua, y las provincias ofrecen pocas oportunidades para el desarrollo personal.

La nación tampoco tiene en esa época las grandes ventajas que produce la renta petrolera en las décadas setenta y ochenta. Por el contrario, se establecen luchas políticas e ideológicas extremas entre la derecha gobernante, contra la que se señalan cuestionamientos y protestas en diversos medios impresos, representativos, culturales, de opinión y de acción, y los grupos de oposición izquierdistas, generándose enfrentamientos, encarcelamientos, desapariciones forzadas y rupturas de toda índole. Los partidos políticos no tienen suficiente garantía institucional para salvaguardar el juego democrático naciente. Las guerrillas urbanas y rurales, las protestas formales a través del arte y el pensamiento crítico a la par del espíritu de renovación que recorre el mundo conjugan un escenario de inquietudes y no poca zozobra.

Pereira logra plasmar en sus primeros poemarios una visión estremecedora de esa década. Su curso existencial oscila entre los veinte y treinta años de edad, y no sólo lo testimonia sino que se convierte en protagonista de ese proceso histórico desde el ámbito literario. La crítica de entonces advierte rápidamente el impulso creador del joven poeta, quien además gana los más relevantes concursos de poesía del país de esos años ante jurados de comprobada solvencia moral y profesional. En lo sucesivo, entre 1970 y 2010, Pereira consagra cuarenta años de creación a nutrir, enriquecer y sostener su poética personal, individual, así como su irrenunciable convicción política de izquierda. Esto último tiene dos circunstancias determinantes. La primera es de orden estético: logra crear un neologismo que sustentará su poética de manera coherente, novedosa, original, en permanente renovación. Se trata del somari o poema breve, de tipo reflexivo, sentencioso, agudo, de fina armadura en lo formal, en lo estético.2 La segunda es de orden político: tiene protagonismo como legislador durante la Asamblea Nacional Constituyente de 1999, logrando redactar el Preámbulo de la misma.3

La profunda crisis social y económica venezolana posterior a 1983, terminada la bonanza petrolera que se había iniciado en 1974, acentúa las desigualdades colectivas, la crisis fiscal, el endeudamiento externo y la pobreza extrema, básicamente por los cuestionamientos existentes contra la dirigencia política que de manera bipartidista se turna el poder pese a graves y comunes acusaciones de corrupción e ineficiencia administrativa. La cultura en general también se resiente. Valores como la probidad, la honestidad y la humildad resultan esenciales en los intelectuales. Sin embargo, muchos se doblegan a una suerte de derrota moral y se ajustan a instituciones y cargos de conveniencia. El sentido de patriotismo se hace imperioso y el país espera de sus poetas y artistas un aliento razonable de esperanza ante la vida y la historia. Pereira entiende muy bien estos cambios y mantiene con gran sensibilidad la observancia de este contexto. Su lucidez, su irreverencia y su inteligencia producen dos obras de gran interés para el público venezolano: Vivir contra morir, en 1988 y Escrito de salvaje, en 1993. El somari gana de manera definitiva su propio espacio en la literatura nacional. En lo sucesivo tres obras más refuerzan esta huella particular: Oficio de partir (1999), Sentimentario (2004) y Equinoccial (2007).

Las nociones de reflexividad, identidad y desidentidad en Pereira devienen de su posición personal ante el curso histórico de los acontecimientos políticos, sociales y culturales del país, los cuales estudia sensiblemente y de algún modo revela en su obra ensayística, entrevistas, artículos y notas. Su compromiso es ante todo moral y ético, y su arte es la vía que expresa ese compromiso. Ni la opresión, el mancillamiento, el miedo, los vejámenes ni la ignominia le son indiferentes, y contrapone a toda fuerza explotadora el sentido de la solidaridad y la justicia. Su yo objetivado es revelador en esas visiones. Su identificación con las luchas sociales le hace protagónico y ejemplar. Su obra es un legado estético para recorrer y reconocer cuánto ha podido expresar en más de cincuenta años de hacer poesía y vivir la historia.

Esto permite comprender la recepción crítica de su obra en los años sesenta, con prevalencia del texto poético de compromiso o comprometido, en sintonía con otros poetas comprometidos como José Lira Sosa, Víctor Valera Mora y posteriormente William Osuna. Del setenta a 1999 la recepción crítica en torno a Pereira se centró en el somari y su novedad. Se le celebra y se le trata de explicar. Se lee, se compila y difunde. Pereira se dedica a fortalecer la poética del somari y a ahondar en sus estudios de la poesía japonesa, china, árabe e indígena americana. Culmina su doctorado en letras en La Sorbona de París en 1982 de la mano de Saúl Yurkiévich con un amplio estudio dedicado al Caribe precolombino, titulado Historias del paraíso. Éste revela que el fracaso de los conquistadores en su afán por el oro y el saqueo que se hace en el llamado Nuevo Mundo para satisfacer las apetencias imperiales, no sólo oculta los valores culturales de la América india y cimarrona sino que extermina al ser natal, local, originario, o lo esclaviza y domina mediante el expolio y toda forma imaginable de injusticia y vejámenes. La historia falseada o negada es revelada a partir de documentos y acuciosas lecturas a las que Pereira dedica al menos veinte años. Sin embargo, la publicación orgánica de ese texto también se tarda un par de décadas aunque el poeta fue persistente el revelar su contenido en cátedras de literatura, congresos, conferencias y folletos para darlo a conocer de manera parcial.4

El somari se nutre conceptualmente de ese voluminoso estudio histórico y político, y de toda la formación ganada por Pereira a través de sus lecturas de tankas y haikú, traducción y escritura de cantos y poemas indígenas pemones, kariñas y waraos, entre otras. Por otro lado, su conocimiento de los clásicos occidentales, la poesía escrita en lengua castellana en toda época, los movimientos de vanguardia europea e hispanoamericana del siglo veinte así como su relación inicial con autores predilectos como Huidobro, Vallejo y Neruda, entre otros, sedimentan el proceso formativo que deviene en somari: suma de búsquedas, recurso propio para revelar el poema.

El Caribe o la caribeñidad constituyen una constante en la poesía de Pereira. En “Señas de identidad” revela esa pertenencia física, carnal, vital, nostálgica y estética: “Yo nací en una isla a la que el océano dio ternura”.5 Océano éste capaz de transmitir ternura y ser compañero de vigilia y derroteros, como en el poema “Océano”: “Tus asuntos me envuelven desde el amanecer cuando / abro las ventanas”,6 o causar desajustes con su impetuosidad como en “Furia de océano”: “Mientras afuera bate el mar con furia las tablas del corredor / crujen y todo alrededor / parece hecho a la diabla”.7 Este mar y este océano son cuerpo común, son piel y sol propios, génesis y creación, por tanto vida y esperanza. Es “Océano humano”: “Nos creaste de musgo sideral recogido / en tu carne cuando todo / desamparo resplandecía y en tus / orillas agonizaban / los últimos glaciales”.8 Por eso no le es ajeno y la relación mar-hombre, mar-poesía resulta consuetudinaria, como suele ser esta relación en todo el Caribe americano: “Cuanto el mar desprecia lo arroja en mi ventana / Lo deposita / en mi puerta”.9 También la magia de la noche y los placeres están manifiestos en esta íntima relación: “Recostado en la barra frente al mar / mientras apuro una cerveza / veo los antiguos barcos que retornan”,10 a menudo con gran colorido y sugestivas metáforas: “La hermosa noche del puerto con olas como / calles blancas sobre las que andan descalzas monjas”.11 Por eso el mar, el trópico y el Caribe son pasado y presente en la poética de Pereira.

El mar de la infancia y los puertos invisibles de la memoria y la utopía encuentran en el somari un medio de expresión. Por ello se trasvierte en una especie de diario poético largamente moldeado, reescrito, proyectado hacia el sentir social y la inteligencia sensible del ser, del hombre contemporáneo, tan sometido a los vaivenes de la modernidad, del desarrollismo, las tecnologías y toda alienación y formas directas e indirectas de dominación. Desde los erizos cercanos en la niñez y los zaguanes de los juegos infinitos de la infancia hasta la voz del indio que en la selva ignota clama se le reconozca su identidad, o la basuratura de la TV que diezma las verdaderas libertades en aras del consumismo y la homogeneización, el poeta Pereira recoge y cincela artesanalmente cada somari dentro de una temática amplia, abierta, universal y actual que lo hace no sólo eficaz sino efectivo. Diversas páginas de la Web dan cuenta de ello, así como las antologías existentes en torno al somari.

La base moral, ética y de compromiso con la justicia, el bien común, la paz y la solidaridad entre los pueblos resulta esencial en la comprensión de la poética del somari. Más allá del poema de circunstancia durante la juventud, se revela una nueva forma responsable de hacer poesía. De ahí la riqueza expresiva y temática que le caracteriza. El sedimento sociohistórico, las variantes y particularidades del somari, revelan su aporte a la modernidad literaria venezolana contemporánea.

Un nuevo aporte acompaña al somari durante los ochenta y noventa: el elemento indígena expreso. Pereira utiliza símbolos y metáforas de la poesía indígena como un medio de rescate de sus voces y como reafirmación interior de esa otra identidad presente en el proceso de mestizaje americano. Se evidencia un interesante sincretismo mediante una visión cósmica y universal del hombre, también de la poesía como forma superior de expresión.12

El panorama general de la poética de Gustavo Pereira, tanto en su primera etapa del sesenta como la posterior a 1970, revela un extenso canto nutrido de referentes diversos de la cultura universal desde América hasta Europa, de Asia hasta África. A un poema en lengua pemón o warao (“Sobre salvajes”, “Jokoyakore Naruae Anayakore Yarote” y “Canción del Dokotu-guará-tu”) atañe un homenaje a Omar Jayyâm, un epigrama a Catulo, refiere los horrores de la guerra a Zeus y Herodoto o escribe un canto a las colinas de Andalucía o las calles de París, Londres y Rusia. A los Bakuba, Mayongue y Bakongo de Zimbabwe o los Makonde de Bostwana o los Bapende de Ruanda; a los Batelele de Tanzania y los Ibo de Nigeria o los Balubas cameruneses,13 corresponden en igual exaltación el imaginario encuentro con Li Po en un festival de la luna en el mes de octubre, un haikú a las cigarras, o un “retrato” de Tu Fu, una variante de Basho o parodias a los sermones de Ti Pei Ku.

Esta visión universal, pensada y singular del somari, es lo que permite a Pereira ser uno de los grandes poetas venezolanos contemporáneos, al lado de Ana Enriqueta Terán (1919), Ramón Palomares (1935), Juan Calzadilla (1930), Eugenio Montejo (1938-2008) y Luis Alberto Crespo (1941) o José Lira Sosa (1930-1995) y Víctor Valera Mora (1935-1984).14 Su obra lírica ofrece un corpus amplio. Tenemos así siete poemarios durante los años sesenta, doce poemarios más entre 1970 y 2010 con la presencia del somari, nueve antologías en español y una en inglés15 además del volumen Poesía selecta (2011) de la prestigiosa Biblioteca Ayacucho, con estudio preliminar de José Balza y bibliografía y cronología de José Pérez.16 De igual modo desarrolla Pereira una amplia obra ensayística compuesta por catorce títulos, en la que aparecen sus estudios sobre el Caribe y la cultura prehispánica, reflexiones, artículos de prensa, notas diversas, compilaciones de documentos sobre el Libertador Simón Bolívar, conferencias y discursos.

Pereira representa en el panorama de la literatura moderna venezolana contemporánea un autor particular. La actualidad, vigencia y novedad de su somari como instrumento poético original, no sólo renueva la poesía nacional sino que demuestra una fuerza de voluntad creadora basada en sus profundas convicciones éticas y políticas mediante el basamento reflexivo crítico y el sincretismo cultural de valor universal.

 

Bibliografía de Gustavo Pereira

•El rumor de la luz (poemas de infancia y adolescencia), Barcelona, Impresos Corito, 1957.
•Los tambores de la aurora (poemas de adolescencia), Caracas, Editorial Doric, 1961, ilustraciones de Alirio Palacios.
•Preparativos de viaje (poemas), Barcelona, Tipografía Anzoátegui, Ediciones Trópico Uno, 1964, ilustraciones de Carlos Hernández-Guerra.
•Bajo la refriega (poemas; coautores: Rita Valdivia, Eduardo Lezama, Luís José Bonilla), Barcelona, Tipografía Anzoátegui, Ediciones Ariosto, 1964, ilustración de Carlos Hernández Guerra, prólogo de Luís Luksic.
•En plena estación (poemas), Caracas, Ediciones de la Universidad Central de Venezuela, Colección “Letras de Venezuela”, 1966 (Premio Joven Poesía 1965).
•Hasta reventar (poemas), Maracaibo, Ediciones de la Universidad del Zulia, 1966 (Segundo Premio del IV Concurso de Poesía de la Universidad del Zulia).
•El interior de las sombras (poemas), Maracaibo, Ediciones de la Universidad del Zulia, Maracaibo, 1968 (Primer Premio del VI Concurso de Poesía de la Universidad del Zulia).
•Poesía de qué (poemas), Caracas, Ediciones del Ministerio de Educación, Cuadernos de la Joven Poesía, 1970.
•Los cuatro horizontes del cielo (poemas), Caracas, Imagen, Nº 73, 1970; Cumaná, Ediciones de la Universidad de Oriente, 1973 (Premio Único del Primer Concurso Latinoamericano de Poesía de la Revista Imagen del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes, Inciba).
•Libro de los somaris (poemas), Caracas, Ediciones del Concejo Municipal del distrito Simón Rodríguez del estado Anzoátegui, 1974 (Premio Alarico Gómez 1973), ilustraciones de Jorge Pizani, diagramación de Manuel Espinosa.
•Segundo libro de los somaris (poemas), Caracas, Monte Ávila Editores, 1979.
•Poemas de Gustavo Pereira, grabados de Gladys Meneses, Lechería, estado Anzoátegui (edición de lujo fuera de comercio), 1979.
•Antología poética, Caracas, Cuadernos “Playas” del Concejo Municipal del Distrito Marcano del Estado Nueva Esparta, 1979, selección y prólogo de Chevige Guayke.
•Sumario de somaris (antología de los somaris), Caracas, Fundarte, Colección “Delta” Nº 5, 1980.
•Tiempos oscuros, tiempos de sol (poemas), Cumaná, Ediciones de la Universidad de Oriente, 1981 (mención del Concurso Ramos Sucre), portada e ilustraciones de Gladys Meneses.
•El diario de a bordo de Colón o la primera proclama del colonialismo en el Caribe (capítulo del libro Historias del paraíso), Puerto La Cruz, Ediciones del Centro de Investigaciones Socio-Humanísticas de la Universidad de Oriente, Núcleo de Anzoátegui, 1987, portada de Pablo Ramírez y Violeta Poyer.
•La niebla antigua y amarilla (notas sobre poesía clásica china), Caracas, Ediciones La Espada Rota, 1988.
•Vivir contra morir (poemas), Caracas, Fundarte, Colección “Delta” Nº 20, 1988 (Premio Municipal de Poesía de Caracas).
•El peor de los oficios (prosa), Caracas, Academia Nacional de la Historia (Colección El Libro Menor), 1991. Segunda edición, Cuba, Editorial Arte y Literatura, Instituto Cubano del Libro, 2004, prólogo de Norberto Codina.
•Diario de mar (poemas), Caracas, Ediciones de Fundaconferry, Editorial Arte, 1992, ilustraciones de Ramón Vásquez Brito.
•La fiesta sigue (poemas), Caracas, Colección de poesía del PEN Club de Venezuela, Nº 22, 1992.
•El pensamiento anticolonialista de los libertadores (ensayo), Ediciones del Centro de Investigaciones Socio-Humanísticas de la Universidad de Oriente, Núcleo de Anzoátegui. Puerto La Cruz, 1992.
•Antología compartida (antología poética), Caracas, Ediciones de Fondo Editorial del Caribe, Impresos Omar, 1993, selección de estudios preliminares de Fidel Flores, Ramón Ordaz, José Canache La Rosa y Salvador Tenreiro.
•Escrito de salvaje (poemas), Caracas, Fondo Editorial Fundarte, Colección “Delta” Nº 31, 1993 (Mención al Premio Internacional Pérez Bonalde de Poesía. Premio Fundarte de Poesía).
•Antología poética (poemas), Caracas, Monte Ávila Editores, 1994, prólogo de Juan Liscano.
•Adagio de la desconocida (poemas), Maracay, Ediciones La Liebre Libre, 1994.
•Historias del paraíso (prosa), Caracas, Ediciones del Fondo Editorial del Estado Nueva Esparta, Imprenta Municipal, (3 volúmenes), 1997.
•Los blancos hijos del cielo (prosa), Cumaná, Ediciones Comisión Regional “Macuro 500 Años”, Gobernación del estado Sucre, Cuaderno Nº 2, 1998.
•Dama de niebla (poemas), Valencia, Fondo Editorial Predios, 1999.
•Cuaderno terrestre (poemas), Valencia, Ediciones Poesía, 1999.
•Oficio de partir (poemas), Caracas, Ediciones de la Casa Ramos Sucre, 1999 (Premio Bienal Ramos Sucre).
•Costado indio (prosa), Caracas, Ediciones de la Biblioteca Ayacucho, Colección “Paralelos”, 2001, prólogo de Maritza Jiménez.
•Poesía de bolsillo (antología), Caracas, Fondo Editorial del Caribe, Impresos Omar, 2002, prólogo de José Balza.
•Sentimentario (poesía), Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2004.
•El legado indígena, Caracas, Consejo Nacional de la Cultura, Biblioteca Básica Temática, 2004.
•Poesía selecta (antología), Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2004, prólogo de José Balza.
•Todos los viajes, todos los faroles (prosa), Caracas, Fundación Provincial, 2005, ilustraciones de Rosana Faría, presentación de Rosario Anzola.
•El juramento de Monte Sacro (prosa), Caracas, Fundación Defensoría del Pueblo, 2005, presentación Germán Mundaraín Hernández.
•Simón Bolívar, escritos anticolonialistas (prosa), Caracas, Ministerio del Poder Popular para la Cultura Consejo Nacional de la Cultura, 2005, Introducción, notas y selección de Gustavo Pereira, primera reimpresión, 2007.
•Los seres invisibles (prosa), Caracas, Editorial El Perro y la Rana, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2006.
•Somari nuestro de cada día (antología), Barcelona, Fondo Editorial del Consejo Legislativo del estado Anzoátegui, 2007, prólogo de Fidel Flores y notas críticas de Ramón Palomares, Argenis Daza Guevara, Héctor Mujica, José Pérez y otros.
•Cuentas (prosa), Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2007.
•Sobre salvajes (antología), La Habana, Fondo Editorial Casa de Las Américas, 2007, prólogo de Norberto Codina.
•Aprender a ser (prosa), Barcelona, Gobernación del estado Anzoátegui, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2007 (discurso con motivo de la instalación de las jornadas de formación de los brigadistas del estado Anzoátegui).
•Equinoccial (poesía), Caracas, Editorial El Perro y la Rana, Ministerio del Poder Popular para la Cultura, 2007.
•The arrival of the Orchestra (Antology), London, Smokestack Books, 2010, traducción de John Green, Michal Boncza y Eduardo Embry.
•Derechos culturales y revolución, Caracas, Fondo Editorial Fundarte, 2010.
 

Notas

1.Pereira ejerce de abogado y de juez provisional en la década del sesenta, antes de matricularse como docente universitario.
2.Pereira logra introducir el somari a partir de dos obras fundacionales: Libro de los somaris (1974) y Segundo libro de los somaris (1979). De manera inmediata aparece Sumario de somaris (1980), una muestra antológica de los mismos.
3.El Estado distribuye gratuitamente diez mil ejemplares de la Constitución y en televisión, radio, prensa y foros de toda índole se le reconoce a Pereira la autoría del Preámbulo. Esto despierta el interés por el poeta y numerosas entrevistas surgen en torno a su obra y su pensamiento político.
4.Después de varios intentos fallidos y hasta pérdida de algunas versiones del texto original en imprentas públicas, Historias del paraíso se publica por primera vez en 1997, en tres tomos. En 2007 el Estado venezolano lanza una reedición de cincuenta mil ejemplares de los mismos a través de la Biblioteca Popular para los Consejos Comunales. De esas publicaciones parciales surgen El diario de a bordo de Colón o la primera proclama del colonialismo en el Caribe (1987), El pensamiento anticolonialista de los libertadores (1992) y Los blancos hijos del cielo (1998). De igual modo tienen soporte ideológico en Pereira sus estudios dedicados a Simón Bolívar (documentos, cartas, pensamiento principalmente) a partir de sus siguientes publicaciones: El juramento del Monte Sacro (2005), Simón Bolívar, escritos anticolonialistas (2007) y El joven Bolívar (2007).
5.En Sentimentario, pág. 28.
6.En Vivir contra morir, pág. 95.
7.En Oficio de partir, pág. 157.
8.En Diario de mar, pág.10. También señala: “El mar me da una parroquia dulce para habitarla”. Ibíd., pág. 22. “Suelto mi corazón como vela y navego por entre las islas”. Ibíd., pág. 28.
9.En Tiempos oscuros, tiempos de sol, pág. 75.
10.“Somari con galeones”, en Escrito de salvaje, pág. 18.
11.En En plena estación, pág. 27.
12.Esto lo sustenta además con sus libros de notas y reflexiones Costado indio (2001) y El legado indígena (2004), en los que traduce poesía indígena y escribe textos en esas lenguas, además de escudriñar en sus ancestros guaiqueríes (nativos de la isla de Margarita) las raíces de su propio mestizaje.
13.Su poema “Cenizas del camino” del libro Oficio de partir (1997) es sentido homenaje a todos estos pueblos.
14.Estos dos últimos poetas de marcada tendencia izquierdista, ya fallecidos.
15.The arrival of the Orchestra (Antology), London, Smokestack Books, 2010, traducción de John Green, Michal Boncza y Eduardo Embry.
16.Esta responsabilidad en armar la bibliografía y la cronología de Gustavo Pereira me fue muy útil para la redacción final de esta tesis de doctorado, por cuanto pude trabajar varias horas en casa del poeta actualizando datos.