A Carmiña
Autor: Vega Olivencia, Carmen Amaralis
Hay criaturas que al nacer rompen todo molde de cordura, iluminan cegando al sol y hacen que la vida que les rodea florezca de puro amor. Hay seres que revientan las fuentes de la imaginación y se desbordan de gracia e ingenio, que nunca caen en lo tradicional y pintan de arco iris el rastro de sus alas, cicatrizando su dolor y el mío a pura carcajada. Así sucedió cuando nació Carmiña. Su madre la dejó sola y se marchó a los cielos cuando esa niña prodigio tenía solamente tres añitos de edad. Quizás por eso carecía del abundante amor que siempre regalaba. Y me tocó a mí que me cogiera en sus brazos y me amamantara con la miel de sus besos, con el azul de sus ojos claros y la suavidad de su hermoso rostro. Hoy le dedico cada uno de mis sueños, cada uno de mis triunfos y fracasos, y cargo para todos lados la bolsita llena de los oropeles y angosturas que recojo en este maravilloso mundo que ella creó para mí. Gracias Madre en el mes de la Mujer.