Monográficos – Recital 17/04/2005 - Carolina Coronado.

Publicado el 03 Abril 2012
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Monográficos Carolina Coronado.

Con una temprana afición literaria, escribió su primer
poema a los diez años y tenía trece cuando Espronceda le dedicó unos versos.
Fue amiga de Robustiana de Armiño y del poeta Quintana y aparece varias veces como protectora de las autoras nacidas en su provincia.
A Carolina Coronado de José de Espronceda después de leída su composición "A la
palma".

En 1842 escribe "hace poco más de un año que, atropellando todos los
inconvenientes, hice mis primeros ensayos, exponiéndome a la crítica de mis
conocidos: en esta población tan vergonzosamente atrasada, fue un acontecimiento
extraordinario el que una mujer hiciese versos, y que los versos se pudiesen
hacer sin maestro. Los hombres los han graduado de copias, y las mujeres, sin
comprenderlo siquiera, me han consagrado por ello todo el resentimiento de su
envidia" .No obstante, publica su primer libro de poesía en
En 1844 se publica la noticia de su falsa muerte. Entonces escribe Dos muertes
en una vida, que se publicaría tras su fallecimiento. Ya entonces había sido
admitida en el Instituto Español y en casi todos los Liceos de España.
Cuatro años más tarde en 1948, una enfermedad nerviosa la deja medio
paralítica en Cádiz y los médicos le recomiendan tomar aguas cerca de Madrid,
por lo que traslada su residencia a la capital. El Liceo madrileño la dedica una velada.
Su casa en la calle de Lagasca, se convirtio en el centro de reunión y tertulia
de los románticos de la época, además de refugiar en ella a numerosos
progresistas perseguidos por el régimen conservador isabelino.
.
Sus poemas, recogidos en Poesías (1843 y 1852), se difundieron en periódicos
desde muy temprano. Gozó del favor real e intercedió ante la reina en defensa de
liberales castigados. Casada con un diplomático, secretario de la embajada
norteamericana, Horacio Perry Spragne, viajó por Europa y América. A la muerte
de su marido rindió prolongado culto funerario a sus cenizas.
Muerta una de sus hijas, se retiró a su palacio de Mitra. En sus poemas amorosos
y descriptivos (La rosa blanca), logra cierta originalidad con el uso de
recursos de la poesía mística para expresar su sensualidad y cierto deísmo
naturalista. escribió obras dramáticas y novelas poco difundidas. (Jarilla,
1851; La siega 1854).
.
En 1860 compra una finca en Poço do Bispo, cerca de Lisboa, conocida como Mitra.
.
Allí vivirá con su esposo y su hija Matilde desde 1870, el marido como agente de
Eastern Telegraph. El muere en 1889 y ella sigue en Lisboa, alejada de
familiares y la sociedad en general. Muere ella en 1911, pobre, pero después de
haber vivido hasta el final en un hermoso palacete en Mitra, en las afueras de
Lisboa.Falleció el 15 de enero de 1911.
Para resumir cuentas sobre su contribución literaria, podemos indicar que su
producción más nutrida e importante se asocia con su juventud, cuando tenía
entre 22 y 32 años. En estos poemas hallamos la mayoría de las tendencias
poéticas del romanticismo a mitad del siglo, con la excepción de los largos
poemas narrativos: Es decir :
El intimismo sentimental manifestado en la percepción de la naturaleza y en la
poesía amorosa.
También cultiva la poesía civil, al modo de Cienfuegos y Núñez de Arce.
Una vertiente feminista, excepción entre lo escrito por los poetas de su día.
Poesía filosófica y conceptual.
Poesía de salón, que consiste en poemas de compromiso, de circunstancias, de
amistada, etc..
.
Bibliografía
Asociación Cultural Carolina Coronado, Palabravirtual, Amediavoz,
Literonauta, Ciudaddemujeres,escritoras
.
Obras
=====
Alfonso IV de León
El cuadro de la Esperanza
El divino Figueroa
La exclaustrada
Poesías. Madrid: Alegría y Charlain, 1843
Paquita. La luz del Tajo. Adoración. San Fernando: Lib. Española, 1850
Jarilla, 1851
Páginas de un diario. Adoración, 1851
El siglo de las Reynas. Madrid: Semanario Pintoresco, 1852
La Sigea. Madrid: Anselmo de Santa Coloma, 1854
¡No hay nada más triste que el último adiós. Madrid: Bernabé Carrafa, 1859
España y Napoleón. Madrid: M. Galiano, 1861
La rueda de la desgracia. Manuscrito de un conde. Madrid: Tello, 1873
A un poeta del porvenir. Madrid: Nacional, 1874
Vanidad de vanidades, 1875
Anales del Tajo. Lisboa. Descripción en prosa. Lisboa: Lallemant Freres, 1875
Se va mi sombra, pero yo me quedo. Madrid: Torremozas, 2001

LA LUNA ES UNA AUSENCIA

Y tú, ¿quién eres de la noche errante
aparición que pasas silenciosa,
cruzando los espacios ondulante
tras los vapores de la nube acuosa?

negra la tierra, triste el firmamento,
ciegos mis ojos sin tu luz estaban,
y suspirando entre el oscuro viento
tenebrosos espíritus vagaban.

yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos
perfiles asomar con lenta calma,
como tu rayo descendió a mis ojos,
tierna alegría descendió a mi alma.

¿Y a mis ruegos acudes perezosa
cuando amoroso el corazón te ansía?
Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa
hija del cielo, ven: ¡por qué tardía!

Carolina Coronado

EL AMOR DE LOS AMORES

I
¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a Ti, dulce amor mío,
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...

A Ti, sin nombre para mí en la tierra,
¿cómo te llamaré con aquel nombre,
tan claro que no pueda ningún hombre
confundirlo, al cruzar por esta sierra?

¿Cómo sabrás que enamorada vivo
siempre de Ti, que me lamento sola
del Gévora que pasa fugitivo
mirando relucir ola tras ola?

Aquí estoy aguardando en una peña
a que venga el que adora el alma mía;
¿porqué no ha de venir, si es tan risueña
la gruta que formé por si venía?

¿Qué tristeza ha de haber donde hay zarzales
todos en flor, y acacias olorosas,
y cayendo en el agua blancas rosas,
y entre la espuma libros virginales?

Y ¿por qué de mi vida has de esconderte?
¿Por qué no has de venir si yo te llamo?
¡Porque quiero mirarte, quiero verte
y tengo que decirte que te amo!

¿Quién nos ha de mirar por estas vegas,
como vengas al pie de las encinas,
si no hay más que palomas campesinas
que están también con sus amores ciegas?

Pero si quieres esperar la luna,
escondida estaré en la zarza-rosa,
y si vienes con planta cautelosa,
no nos podrá seguir paloma alguna.

Y no temas si alguna se despierta,
que si te logro ver, de gozo muero,
y aunque después lo cante al mundo entero,
¿qué han de decir los vivos de una muerta?

Carolina Coronado

EL AMOR DE MIS AMORES (fragmento)

¿Cómo te llamaré para que entiendas
que me dirijo a ti, ¡dulce amor mío!,
cuando lleguen al mundo las ofrendas
que desde oculta soledad te envío?...
... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Aquí tu barca está sobre la arena;
desierta miro la extensión marina;
te llamo sin cesar con tu bocina,
y no pareces a calmar mi pena.
.
Aquí estoy en la barca triste y sola,
aguardando a mi amado noche y día;
llega a mis pies la espuma de la ola,
y huye otra vez, cual la esperanza mía.
.
¡Blanca y ligera espuma transparente,
ilusión, esperanza, desvarío,
como hielas mis pies con tu rocío
el desencanto hiela nuestra mente!
.
Tampoco es en el mar adonde él mora;
ni en la tierra ni en el mar mi amor existe.
¡Ay!, dime si en la tierra te escondiste,
o si dentro del mar estás ahora.
.
Porque es mucho dolor que siempre ignores
que yo te quiero ver, que yo te llamo,
sólo para decirte que te amo,
que eres siempre el amor de mis amores.
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Carolina Coronado

LA ROSA BLANCA
.
¿Cuál de las hijas del verano ardiente,
Cándida rosa, iguala a tu hermosura,
la suavísima tez y la frescura
que brotan de tu faz resplandeciente?
.
La sonrosada luz de alba naciente
no muestra al desplegarse más dulzura,
ni el ala de los cisnes la blancura
que el peregrino cerco de tu frente.
.
Así, gloria del huerto, en el pomposo
ramo descuellas desde verde asiento;
cuando llevado sobre el manso viento
.
a tu argentino cáliz oloroso
roba su aroma insecto licencioso,
y el puro esmalte empaña con su aliento.
.
Carolina Coronado

Amistad de la Luna.
.
Esa oscura enfermedad
que llaman melancolía,
me trajo a la soledad,
a verte, luna sombría.
Ya seas amante doncella,
ya informe, negro montón
de tierra, que en forma bella
nos convierte la ilusión,
ni a sorprender tus amores
mis tristes ojos vinieron,
ni a saber si esos fulgores
son tuyos o te los dieron.
.
Ni a mí me importa que esté
tu luz viva o desmayada,
ni cuando te miro sé
si eres roja o plateada.
Yo busco tu compañía,
porque al fin, muda beldad,
es tu amistad menos fría
que otra cualquiera amistad.
.
Sé bien que todo el poder
de tu misterioso encanto
no alcanzará a detener
una gota de mi llanto,
mas yo no guardo consuelos
para este mal tan profundo.
.
Fijo la vista en los cielos
porque me importuna el mundo...
¡Vergüenza del mundo es
si tiene mi pensamiento
que ir a buscarte al través
de las nubes y del viento,
y llevar hasta tu esfera
mi solitaria armonía,
para hallar la compañera
que escuche la pena mía!
Mas, pues no me da fortuna
otra más tierna amistad,
vengo con mis penas, luna,
a verte en la soledad.
*
Carolina Coronado
*
¡Oh, cuál te adoro!
.

¡Oh, cuál te adoro! con la luz del día
tu nombre invoco apasionada y triste,
y cuando el cielo en sombras se reviste
aun te llama exaltada el alma mía.
.
Tú eres el tiempo que mis horas guía,
tú eres la idea que a mi mente asiste,
porque en ti se concentra cuanto existe,
mi pasión, mi esperanza, mi poesía.
.
No hay canto que igualar pueda a tu acento
cuando tu amor me cuentas y deliras
revelando la fe de tu contento;
.
tiemblo a tu voz y tiemblo si me miras,
y quisiera exhalar mi último aliento
abrasada en el aire que respiras
.
Carolina Coronado

¡AY! TRANSPORTAD MI CORAZÓN AL CIELO!

Ángeles peregrinos que habitáis
las moradas divinas del Oriente
y que mecidos sobre el claro ambiente
por los espacios del mortal vagáis.

A vosotros un alma enamorada
os pide sin cesar en su lamento
alas, para cruzar del firmamento
la senda de los aires azulada.

Veladme con la niebla temerosa
que por la noche ciega a los mortales,
y en vuestros puros brazos fraternales
llevadme allá donde mi bien reposa.

Conducidme hasta el sol donde se asienta
bajo el dosel de reluciente oro
el bien querido por quien tanto lloro,
genio de la pasión que me atormenta.

¡Ay! Transportad mi corazón al cielo,
y si os place después darme castigo,
destrozadme en los aires y bendigo
vuestra piedad y mi dichoso vuelo.

Carolina Coronado

Siempre tú.
.
La niebla del diciembre quebrantaba
del sol los melancólicos fulgores
cuando en mi corazón de tus amores
el acento primero resonaba.

El segundo diciembre se acercaba
trayendo para mí nieblas mayores
que a merced de los vientos bramadores
tu nave en el Atlántico bogaba.

Y el diciembre tercero aparecía
templado, alegre como el mayo hermoso
y eras tú mi suspiro todavía.
.
El cuarto arrebatado, tempestuoso,
vino a robarme la ventura mía
¡ay! mas no a dar a mi pasión reposo.

Carolina Coronado

NADA RESTA DE TI

Nada resta de ti..., te hundió el abismo...,
te tragaron los monstruos de los mares...
No quedan en los fúnebres lugares
ni los huesos siquiera de ti mismo.

Fácil de comprender, amante Alberto,
es que perdieras en el mar la vida,
mas no comprende el alma dolorida
cómo yo vivo cuando tú ya has muerto.

Darnos la vida a mí y a ti la muerte;
darnos a ti la paz y a mí la guerra,
dejarte a ti en el mar y a mí en la tierra
¡es la maldad más grande de la suerte!...


Carolina Coronado

Una corona no, dadme una rama
.
Una corona, no, dadme una rama
de la adelfa del Gévora querido,
y mi genio, si hay genio, habrá obtenido
un galardón más grato que la fama.
.
No importa al porvenir cómo se llama
la que el mundo decís que dio al olvido;
de mi patria en el alma está escondido
ese nombre, que aún vive, sufre y ama.
.
Os oigo desde aquí, desde aquí os veo,
y de vosotros hablo con las olas,
que me dicen con lenguas españolas
.
vuestro afán, vuestra fe, vuestro deseo,
y siento que mi espíritu es más fuerte
en esta vida que os parece muerte.
.
Carolina Coronado

(*) Contestación de C.C. a la propuesta de la Diputación de
Badajoz, en 1889, para ser coronada como poetisa en un
homenaje

Bendito seas, Alberto
(1845)

Aunque serena y callada
a tus suspiros me veas,
no indiferente me creas;
es que el alma enamorada
diciendo está embelesada
Alberto, bendito seas.

Si a responderte no acierto
cuando me vienes hablando,
¿piensas que tu voz no advierto?
pues es que estoy murmurando
con un acento muy blando
bendito seas, Alberto.
Alberto, ¿qué mas deseas
de quien tanto vive amando?
Yo te ruego que me creas,
que aunque callada me veas
estoy entre mí cantando
Alberto, bendito seas.

Muda estoy, fáltame vida;
queda el espiritu muerto,
la mente desvanecida;
pero esta voz repetida
forma en el alma concierto:
¡Bendito seas, Alberto!

(Selección: Luzmaría Jiménez Faro)

CAROLINA CORONADO

"A Carolina Coronado"
.
Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya,
y que en tus grandes ojos reverberas
la lumbre de los astros inmortal.
.
Juro a tus plantas que insensato he sido
de placer en placer corriendo en pos,
cuando en el mismo valle hemos nacido,
niña gentil, para adorarnos, dos.
.
Torrentes brota de armonía el alma;
huyamos a los bosques a cantar.
Dénos la sombra tu inocente palma,
y reposo tu virgen soledad.
.
Mas ¡ay! perdona virginal capullo,
cierra tu cáliz a mi loco amor.
Que nacimos de un aura al mismo arrullo,
para ser, yo el insecto, tú la flor.
.
José de Espronceda.

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